El camino

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—Imagina el tiempo como un camino que se extiende infinitamente. En algún punto, tú bajas de los brazos de tus padres y empiezas a explorar un poco, no es la gran cosa, pero te vuelves un experto gateando por aquí y por allá, sin alejarte demasiado de tu punto de partida. Entonces, descubres que gatear ya no es suficiente y aprendes a caminar; es entonces cuando el camino empieza a volverse más interesante y empiezas a ser consciente de tu lugar en él.
En ocasiones, caerás, te quedarás ahí por un rato, y después volverás al camino; constantemente te cruzarás con otras personas que para bien o para mal te acompañarán el tiempo necesario. Algunas veces, al caer, tendrás la sensación de que no puedes continuar más, pero estas personas, al verte en esa situación, se detendrán, y haciendo a un lado lo que tengan que hacer te animarán a seguir. No siempre será necesario que hagan esto pero habrá ocasiones en que esto marcará una gran diferencia y agradecerás todo lo que hacen por tí. Tú también harás lo mismo por ellos (o no, eso dependerá de tí).
Un día, volverás la vista hacia atrás y verás a una de esas personas caminando más lento de lo normal; de la nada, una dama vestida de noche empezará a caminar a su lado, y sin darte cuenta, los perderás de vista. Esto se repetirá un par de veces, y llegará el momento en el que mirar hacia atrás se volverá un hábito que te hará imaginar que ellos, los que ya no están, aun continúan caminando detrás de tí, hasta que, incluso esa imagen se desgaste y desaparezca.
Ahora imagina que llega un momento en el que empiezas a sentirte cansado, el camino parecerá no llevarte a ningún lugar, y justo cuando desees escuchar una palabra de aliento que te motive a seguir descubrirás que realmente estás solo. Entonces, decidirás detenerte por un momento, te sentarás en el suelo y observarás el camino que has recorrido, quizá imaginando escuchar los ecos de viejas conversaciones, o esperando que alguien aparezca, solo para hacerte compañía, pero lo único que podrás distinguir, a lo lejos, será la noche, acercándose, una noche tan antigua como el universo mismo…

—¿Por eso es que hoy estás ahí, mirando al pasado?

—Algo así.

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Prólogo

Nota escrita la noche del 24 de Diciembre del 2014, en algún lugar de la ciudad:

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Hace dos años, leí una frase en un libro, la cual tomé como un sutil presagio: “Hay una vieja maldición, dice: ojalá vivas tiempos interesantes”; hace un año y medio, recibía una promesa (que también resonaba con pequeños ecos proféticos) de alguien que recién entraba en mi vida -como un rayo que me partía los huesos y me dejaba estaqueado en la mitad del patio-: “prepárate para la etapa más interesante de tu vida”; hace ocho meses salí de mi casa y dejé a mi familia para buscarme a mí mismo; hoy, en este pequeño cuarto, en vísperas de Navidad, escuchando a Brahms y a Berlioz, y acompañado únicamente por mi soledad, me detengo a reflexionar un poco, y algo me dice que a pesar de aun no haberme encontrado, la verdad es que no estoy tan perdido.

Y, por un momento, siento que todo está bien…


Llevo varios días sentado frente a la computadora, esperando el momento indicado para volver a escribir, momento esquivo que no llegaba y me obligaba a tomarme pequeños descansos de esta larga espera para leer, escuchar música, salir al trabajo o para hacer otras cosas rutinarias, cosas normales que todo hombre normal debe hacer.

Hoy, sin buscarlo, ese momento llegó. Mientras descansaba después de un largo día de trabajo, entre una pieza de Brahms y otra de Berlioz, después de la cena (no tan navideña, pero lo suficientemente apetecible como para llamarse cena), decidí abrir el editor de texto de esta computadora y empecé a escribir.

(Pequeña pausa, en la que vuestro humilde escritor se detiene a verificar si realmente es él quien está escribiendo, y no se trata solo de un breve momento de locura en el que el deseo de volver a escribir lo ha llevado a observar, en primera persona, un universo alterno, en el que él está escribiendo… una vez verificado esto, podemos proseguir)

Podría escribir y escribir, extendiédome cada vez más, como aquel que quiere ponerlos al tanto de todo lo que me ha llevado a estar en el lugar en el que me encuentro, pero la idea principal de este texto es simplemente la de ser un breve prólogo para los textos que vendrán después,  un pequeño texto introductorio que, sin decir nada realmente, sirva como punto de partida de este nuevo blog.

Para empezar, debo señalar que, aunque hace algunos meses anuncié por todos lados (y hasta el hartazgo) mi decisión de ponerle punto final a un blog que ya no me inspiraba a escribir en él (ya sea por las pocas visitas, por el poco interés que yo ponía en él, o simplemente porque consideraba que esa etapa había llegado a su fin), la verdad es que nunca dije que dejaría de escribir de manera definitiva, ya que esto es más bien una necesidad para mí, la posibilidad de escribir nuevamente en un blog, o en algún otro medio, seguía ahí. Y aunque he estado escribiendo en algunos cuadernos breves notas personales, a modo de diario, la idea de volver a escribir en internet seguía pareciéndome algo lejano. Hoy, sin embargo, al escribir este “prólogo”, ya estoy pensando en lo siguiente que escribiré, lo cual es una buena señal.

También he pensado que, paralelamente a lo que publique en este blog, podría empezar a escribir algún libro de cuentos o, si las musas me lo permiten, alguna novela corta, probablemente en formato electrónico, pero… tranquilo, un paso a la vez. Ya habrá tiempo para planificar de manera correcta todo lo demás.

Así que, no teniendo más que agregar a lo que ya se ha dicho, les doy la bienvenida, y me despido con una frase que me acaban de compartir hace algunos minutos en facebook (cuando ustedes lean esto esos minutos serán más bien horas o días, pero qué importa):

“Podría estar encerrado en una cáscara de nuez y sentirme rey del espacio infinito”