Reportando desde la oficina…

Llego apenas a tiempo a la oficina y me tranquilizo al ver que no soy el único que viene llegando tarde. Me siento en mi escritorio y enciendo la computadora, guardo mis audifonos y mi iPod en l cajón y pongo mi mochila a un lado. Es hora de empezar a trabajar.

sith lord

Recuerdo los primeros días que pasé en esta ciudad, cuando salía a buscar trabajo y regresaba sin haber encontrado nada. Antes de venirme me había puesto en contacto con alguien que me ofrecía trabajo, lo cual me hacía sentir un poco confiado respecto a mi futuro económico y laboral en esta ciudad (al menos mientras encontraba algún trabajo mejor), pero apenas llegué aquí esa persona dejó de responder mis mensajes y tuve que salir a buscar trabajo… por suerte, consideré que pudiera pasar algo así y traje dinero extra por si hacía falta. Lo malo fue que, tres semanas después, el dinero ya se me estaba acabando y yo no encontraba trabajo.

Pequeña pausa en la que el narrador (o sea, yo) se pone como loco yendo de una página a otra, dando click, regresando, volviendo a dar click, etc… por un asunto relacionado con su examen de admisión a la universidad y por el cual siente la necesidad de comparar todos esos tramites, registros, descarga de fichas, revisión de fechas, etc, con un laberinto, que a su vez lo lleva a recordar a Borges con el cuento La Casa de Asterión y a Cortázar con el libro Los Reyes, que nada tienen que ver con lo que se estaba comentando anteriormente, pero que quedan como temas pendientes para futuras publicaciones de este blog. Después de tomo, ¿no es la mente un complejo laberinto de ideas que se conectan con otras?

Como les iba diciendo, el dinero se me estaba acabando y yo seguía sin encontrar trabajo. La solución más simple era regresar a casa y probar suerte después, aceptando que fui impulsivo y que no sabía lo que estaba haciendo, pero mi orgullo me forzó a tomar una postura firme (probablemente más por necedad que por verdadera convicción) y decir que yo no regresaría a la que antes fue mi casa, y que si el destino me devolvía a ese lugar sería por un camino distinto y después de haber vivido varias cosas más, y no simplemente en una senda de regreso.

Por aquellos días salí a caminar sin rumbo fijo y justo a dos cuadras de donde vivía encontré un cartel afuera de un pequeño supermercado que solicitaba personal, hable con la jefa a cargo y a los dos días llevé todos mis documentos y mi solicitud de empleo. No era un trabajo de oficina ni se relacionaba con alguna de mis aficiones, pero ganaría lo suficiente para pagar la renta, comprar comida y salir a algún lugar de vez en cuando.

Después de hacer la entrevista de trabajo y realizar los tests psicológicos de rutina (de los cuales probablemente hable un día de estos), la chica de recursos humanos me aseguró que el trabajo ya era mío y que nos estaríamos viendo seguido, pero dos días después del día en que se supone que me llamarían, yo seguía esperando, al cuarto día me resigné y salí a buscar trabajo otra vez. Lo único que encontré fue un puesto disponible en un call center, pero justo en mi primer día de capacitación me llamaron de la tienda para avisarme que si podía presentarme ese día para firmar mi contrato y todo lo demás.

Trabajé varios meses, hasta las primeras semanas de este año, cuando un amigo de mi novia me habló acerca de una vacante en el lugar en donde él estaba trabajando. La vacante sería en el puesto que él ocupaba, ya que él estaba por salir.

Y, bueno, heme aquí, escribiendo desde el trabajo. He estado escribiendo algunos posts, pero hoy tuve ganas de publicar un poco sobre otras cosas, para relajarme un poco. Supongo que antes de que termine la semana publicaré el siguiente, así que no se alejen demasiado 😛

Nos leemos en el futuro, damas y caballeros.

Peace&Love