Hablando de mujeres…

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Martes… el día después del lunes (es obvio, ¿no?). Llego tarde al trabajo, saludo a mi jefa y a la otra señora que trabaja aquí, me siento en mi escritorio y enciendo la computadora. Mi jefa entra a su oficina y yo me levanto para servirme una taza de café.

Bien —me digo a mí mismo, mientras vuelvo a mi lugar— aquí vamos…

La señora que hace el aseo pasa frente a mí y entra a la oficina de la contadora (mi jefa), como todos los días, para limpiar un poco.

—Felicidades —le dice la contadora— déjeme darle un abrazo.

—Gracias, gracias —responde ella.

—¿Sí sabe porqué la estoy felicitando?

La señora del aseo dice que no, se oyen risas, y después le explican que hoy es “El día de la mujer” y que por eso la han felicitado. Ella también felicita a mi jefa. Sale de la oficina diciendo que no sabía, pero que es bueno enterarse de que hoy se festeja a todas las mujeres, etc, etc…

Y mientras ella va saliendo de la oficina, yo solo pienso…

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No ahora, por favor…

En fin. Llevo ya un año trabajando aquí, y he ido conociendo bien a la mayoría de los que aquí trabajan, así que ya sabía cómo continuaría todo esto… pero ustedes no, así que les seguiré contando.

Como les iba diciendo, ella sale muy contenta por ese abrazo y esa felicitación, hasta ahí todo bien, pero apenas sale de la oficina fija su mirada en mi y en la otra señora, y le dice a la contadora que es una lástima que se tengan que felicitar entre ellas, porque los hombres ni siquiera nos acordamos de felicitarlas.

Yo finjo no haber escuchado eso, y mientras la señora del aseo sale, la otra señora me ve y hace un gesto, como diciendo “ya va a empezar otra vez”.

Ojalá todo acabara ahí. Pero no, del otro lado, hay un par de ingenieros trabajando en cosas que tenían pendientes. La señora del aseo se dirige hacia allá y desde aquí se le puede oír.

—Es una pena que ningún hombre se acordara de nuestro día —dice ella— por eso tenemos que felicitarnos entre nosotras…

Ellos se disculpan y le dicen que no se les olvidó. Feliz día de la mujer, dicen ellos. Vuelve a pasar por aquí, y continúa “bromeando” con eso de que los hombres no se acordaron de las mujeres en su día. Empieza a cruzar esa linea entre lo gracioso y lo realmente molesto.

Y así sigue, hasta que alguien le explica que hoy no se festeja nada, que se conmemora la lucha de las mujeres por la igualdad, le cuenta de las obreras que murieron en aquel incendio, a principios del siglo pasado, en Nueva York, y de paso le cuenta sobre Malala. Ella lo escucha pero le dice que igual quiere que le den la razón y que la feliciten por ser mujer. Después se acerca a la otra señora (a quien tampoco le cae muy bien) y le dice que seguramente los hombres no las felicitan porque les tienen envidia. La otra señora le dice que se equivoca y que debería dejar de hablar tanto sobre eso, pues… de hecho, ella ni siquiera sabía qué se conmemoraba hoy, hasta que la felicitaron. Ella no cede y prosigue, usando frases hechas y lugares comunes, para reivindicar su derecho a ser felicitada. Yo… bueno, yo… prefiero guardar silencio, no tiene caso agregar nada a lo que se está diciendo. Después de un rato se cansará y todo volverá a la normalidad (más o menos).

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Antes de que alguien se moleste, no estoy en contra de que haya un “día de la mujer“, pero una cosa es conmemorar y recordar a todas esas mujeres que han luchado por lograr un cambio en la sociedad y otra, muy diferente, es felicitar a alguien por el simple hecho de ser mujer.

No me malentiendan, no soy misógino ni nada por el estilo, pero últimamente varios movimientos “feministas” han puesto de moda el exaltar a las mujeres por el simple hecho de ser mujeres, mas no por sus logros; piden que se deje de “cosificar” a la mujer pero en su lugar imponen la idealización de la misma, que a fin de cuentas también está mal (en la poesía y el arte no hay problema, pero en el mundo real esto… no es muy recomendable).

Por mi parte, he conocido a mujeres realmente fuertes y admirables, que no necesitaron de la aprobación de los hombres para demostrar que sí podían; no exigían el respeto ni la admiración de los demás, ellas se lo ganaban por sí mismas.

Mi madre, por ejemplo, que crió a mis cuatro medios hermanos (aguantando los malos tratos de su pareja), salió adelante, conoció a mi padre y volvió a construir un hogar, no solo para mí, sino también para mis hermanos; cuando mi padre enfermó, ella tomó la responsabilidad de que nada hiciera falta en casa. Mi abuela, que a pesar de sus años y su debilitada condición física, seguía yendo cada miércoles y domingo al mercado, para poder ganar algún dinero extra (aunque fuera poco). Mi tía, que nunca fue a la escuela, pero se esforzó por cuidar a sus hermanos (mi padre y mi tío) desde su infancia hasta sus últimos días, los cuales aguantó en silencio, fingiendo que todo estaba bien para no preocuparnos ni causar molestias, y muriendo como quien ya ha agotado todas sus fuerzas y ha decidido irse a descansar.

Por mujeres como ellas y muchas más (que no podría enumerar, porque me extendería demasiado) vale la pena conmemorar este día, porque se han ganado un lugar importante dentro de sus familias, la sociedad y el mundo.

Son nuestros actos los que nos deben dar el respeto de los demás, y no el hecho de tener un pene o una vagina.

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Extra:

Otro compañero de trabajo llega a la oficina después del mediodía. La señora que está aquí al lado (no la del aseo) le dice que si se acuerda que hoy es el día internacional de la mujer, a lo que él responde que sí lo sabe, pero que no se festeja nada, que este día es para recordar a las mujeres que murieron en aquella fábrica en Nueva York y a todas las mujeres que luchan por la igualdad de derechos.

Ella y mi jefa le responden que eso fue en Estados Unidos, que nosotros somos mexicanos, y él intenta explicarles que, de hecho, es por eso que se conmemora el día de la mujer. Ellas le dicen que no, que lo de las obreras que murieron allá estuvo muy mal, pobrecitas, pero eso no nos interesa a nosotros, pues no somos gringos, somos mexicanos…

Así las cosas.

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Un pensamiento en “Hablando de mujeres…

  1. Ya ni caso tiene discutir con gente como la que mencionas al cierre del post. Tienen puro aire en la cabeza, gastar energía en querer hacerles entender no conviene.

    Por todo lo que cuentas es que cuando fue el día ni me di por enterado, no mencioné nada relativo a ello, siquiera. Sugiero a esa gente metida en su necedad de no saber el origen del día conmemorado se les apunte en dirección a la Wikipedia. Si se niegan, darse la vuelta y dejarles hablando. La vida es muy corta como para andar, como decía el Nazareno, tirándole perlas a los cerdos.

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