Breve historia de mis navidades pasadas…

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Mis primeras navidades fueron como las podría recordar cualquier niño, con un pino decorativo, lleno de luces y esferas, y juguetes nuevos. No entendía lo del espíritu navideño (de hecho, no recuerdo haber creído alguna vez en Santa Claus), pero aceptaba las tradiciones y costumbres solo porque sí.

Después crecí, los regalos terminaron, y la Navidad y el Año Nuevo pasaron a ser festividades de las que solo oía hablar, pues en casa eran días como cualquier otro. Recuerdo que incluso hubo un año en que, al no tener nada más que hacer, terminamos de cenar y todos estábamos ya en la cama a las 9:00 p.m. Yo aún no tenía sueño y, a lo lejos, se podía escuchar el alboroto que hacían en algún otro lugar; no les envidiaba nada, no me interesaba celebrar nada de todas formas, pero sentía curiosidad.

Con la adolescencia sentí la necesidad de mostrar cierta rebeldía ante todo lo que me rodeaba, y cada navidad yo me esforzaba en tomar una postura negativa, afirmando que yo no celebraba nada, y que de todas formas era hipócrita fingir un espíritu de unidad y compañerismo en esas fechas. Cuando tenía quince años, alguien me rompió el corazón unos días antes de navidad (ahora que lo mencionó me parece gracioso decirlo así, pero en aquel momento me pareció algo realmente duro y difícil de superar), junto con mi reforzada actitud apática, supuse que marcaría el momento en que yo decidiría odiar de manera definitiva esta festividad. Pero sucedió todo lo contrario, pues aquel año mis hermanos (todos ellos, casados y con hijos) decidieron reunir a toda la familia, y por primera vez en mi vida, sentí lo que era el verdadero espíritu navideño. Sí, ya se que suena cursi, pero así fue.

A partir de entonces, nos reuníamos cada año, y nos la pasábamos muy bien. En una de esas navidades, mi hermano consiguió fuegos artificiales, de esos que iluminan el cielo con muchos colores. Hubo juegos de mesa, y aunque mi padre no participaba mucho en nuestras bromas y juegos, nos miraba desde su lugar y sonreía. Esa fue la última navidad que él estuvo con nosotros. Irónicamente, grabé muchos videos aquella noche, pero al revisarlos, meses después, me di cuenta de que no había ninguno en donde apareciera mi padre.

La siguiente navidad nos reunimos de nuevo. En esa ocasión mi familia conoció a la chica con la que salía en aquel entonces. Todos hacían bromas y comentaban lo extraño que era para ellos poder conocer a mi novia, pues siempre aparenté tener poco interés en establecer una relación sentimental con alguien; lo cual demuestra lo poco que mi familia me conocía, pues yo ya había salido con un par de chicas antes, solo que aquella era la primera vez que llevaba a mi novia a conocer a mi familia.

Prepárate para la etapa más interesante de tu vida, eso había dicho ella cuando empezamos a salir. De alguna manera, así fue; unos meses después me fui a vivir a la Ciudad de México y todo cambió. Mi siguiente navidad la pasé ahí, en un pequeño cuarto que yo rentaba. La soledad de ese lugar me resultaba acogedora, y el hecho de vivir en una ciudad tan grande me parecía interesante.

Aquella relación sentimental duró más que las que había tenido antes, pero a pesar de todo, y como a veces sucede, se terminó. Uno de los últimos recuerdos que tengo con ella es de la última navidad que pasamos juntos. Estábamos de visita con mi familia, discutimos antes de dormir, ella estaba molesta y dejó de hablarme, yo salí al patio a pensar. Unos días antes yo había quedado de verme con una amiga, pero por temor a que mi novia se molestara, cancelé la salida. No tenía muchos amigos y me emocionaba un poco poder salir a tomar un café con alguien; sin embargo, mi novia era un poco celosa y, de vez en cuando, malinterpretaba las cosas. Viendo las estrellas pensé en todos los momentos que estaba dejando pasar, visualicé los caminos que había recorrido hasta entonces y medité por un buen rato. Al siguiente día fingimos que nada había ocurrido, pero yo ya había decidido que debía hacer algo para mejorar mi relación o, si eso no era posible, terminar de manera definitiva.

Eso fue hace tres navidades, después de eso conocí a alguien y todo fluyó de manera natural. Después de ir y venir, de subir y bajar, sentí que por fin encontraba algo de estabilidad.

Esta última navidad la pasé con mi novia y su familia, y mi madre, que vino de visita.

Suelo ver distintas opiniones respecto al tema de la navidad, gente que no la celebra, religiosos que arremeten contra ella, gente apática, otros que exageran el espíritu de compañerismo y unidad. Yo, prefiero observarla como una época que une a las personas, un momento que hay que aprovechar, pues nunca sabes si será la última navidad que pases con tus familiares y amigos. Sobre el tema del amor y la unidad, a pesar de que sigo creyendo que son sentimientos falsos, hay que creer en ello, pues solo creyendo es como los volvemos reales.

Se que la Navidad ya pasó hace unos días y que lo que ahora está en la mente de todos es el Año Nuevo, pero igual quise escribir este post antes de que el año termine. Por cierto, les recomiendo ver la película Hogswatch, basada en uno de los libros de Terry Pratchett, aquí les dejo una de mis escenas favoritas.

 

Nos leemos en el siguiente post, damas y caballeros.

Peace&Love

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“Repeat”

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Ella se ha quedado dormida; yo salgo del cuarto y me dirijo a la sala, tomo un libro y empiezo a leer.

Ha sido un largo día, debería dormir, descansar un poco… pero me gusta mantener ciertos hábitos nocturnos; y después de la medianoche, si el sueño aún no me obliga a tirar la toalla, leo o escribo un poco.

Después de un rato, empiezo a sentir cansancio, pero insisto en que tal vez puedo leer una página más, con suerte terminaré un capítulo más antes de ir a dormir.

Y entonces, mientras estoy leyendo, sucede algo curioso: una especie de Deja Vú me da la sensación de que ya he leído esa parte… no fue hace tiempo, la acabo de leer apenas hace unos minutos, pero reviso las páginas anteriores y no encuentro nada, tal vez es mi imaginación. Continúo con mi lectura, y después de uno o dos minutos, mis ojos se cierran por un segundo, y al abrirlos, busco la parte que estaba leyendo y… me sorprendo al sentir que estoy leyendo la misma línea, y nuevamente experimento un Deja Vú.

Quizá, al quedarme dormido, regresé algunas páginas sin darme cuenta; pero reviso nuevamete y no encuentro nada, todo indica que no he regresado ninguna página y que la línea que estoy leyendo no la he leído antes, aunque yo esté casi convencido de lo contrario.

Mi atención se desprende del libro y empiezo a pensar por un momento en la naturaleza de los Deja Vú. Divago un par de segundos, pero vuelvo a concentrarme, debo seguir leyendo, debo terminar de leer al menos esta página antes de ir a dormir.

Y en cuanto empiezo a leer tengo esa extraña sensación otra vez, de estar repitiendo lo mismo. Ya ni siquiera sé si es la cuarta vez o la quinta vez que repito la misma línea, pero estoy seguro de que ya la he leído varias veces.

Mis ojos se cierran y empiezo a quedarme dormido, mientras pienso en repeticiones.

Hubo un tiempo, hace algunos años, en que me decía a mí mismo que todos los días parecían el mismo día, repitiéndose una y otra vez, interminablemente, y (como José Arcadio Buendía en 100 años de Soledad) me despertaba cada mañana pensando “También hoy es Lunes”; al principio era solo una broma personal, pero tras varios días en un estado semidepresivo, empecé a dudar de la continuidad del tiempo. En ocasiones aún tengo esa sensación, de estar repitiendo el mismo día, sin avanzar. A veces, cuando me pongo a divagar sobre el tiempo, siento que un instante se repite, o que hay ciclos que parecen seguir un patrón repetitivo muy sutil, pero presente.

Tal vez el flujo del espacio tiempo encuentra remansos en su “corriente”, formando así pequeños fractales de realidad… o quizá simplemente tenía mucho sueño y estaba leyendo la misma línea sin darme cuenta.

Al final, no pude continuar. Me quedé dormido, con el libro sobre las piernas. Desperté una hora y media después y me fui a la cama.

—¿Estabas leyendo? —dijo ella, mientras me acostaba.

—Sí, pero me quedé dormido —le respondí, aunque ella ya se había vuelto a dormir y no alcanzó a escucharme.

Pienso una vez más en los fractales de la realidad. Quizá la vida eterna se halla oculta en el último instante de nuestra vida, que se alarga interminablemente en un ciclo sin fin; quizá la cualidad infinita de nuestro universo esté fundada en un eterno retorno; debería leer más sobre ese tema, pienso.

Y empiezo a quedarme dormido.

Mañana será otro día… o al menos eso espero.