Ahora que no estás…

El domingo pasado se celebró el día del padre. Mi novia y yo fuimos a casa de su padre; mi madre, junto con mi tía, pasaron el día con mi abuelo, que a su avanzada edad aun parece tener una gran vitalidad, no así su esposa (tercera esposa), que se veía bastante cansada en las fotos que mi hermana me envío por facebook.

Yo siempre he visto esta fecha con cierta indiferencia. Con mi familia (mi padre y mi madre) casi nunca celebré fechas especiales con demasiado entusiasmo, a excepción de algunos cumpleaños, fiestas de fin de año y eventos escolares. Sin embargo, con tantos anuncios sobre el Día del Padre fue inevitable ponerme a pensar en él y recordar tantas cosas.

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Él era un hombre serio y callado (varias personas me han dicho que en eso me parezco mucho a él). A pesar de haber sido un niño muy inteligente, no tuvo los recursos para seguir sus estudios y solo alcanzó a terminar la primaria. Aun así, se sentaba conmigo a darme clases de español y matemáticas, y gracias a él logré aprender a leer a los 4 años y antes de entrar a la primaria yo ya sabía sumar y restar con mucha facilidad.

En sus últimos años yo lo ayudaba a acostarse y levantarse de la cama; mi madre nos observaba y me decía lo orgullosa que se sentía de que yo cuidara tan bien de él, y después se ponía a recordar aquellas noches en las que, siendo yo un bebé, mi padre me tomaba en brazos y me sacaba el patio, hasta que yo me cansaba y me quedaba dormido, él podía pasar horas así, decía mi madre, y cuando le pedía que ya se metiera a la casa, él fingía no escuchar y seguía meciéndome en sus brazos; así como él te cuidaba, ahora tú cuidas de él, decía. De esas noches me queda un vago recuerdo de un cielo estrellado y un sentimiento de tranquilidad y seguridad que resulta bastante confortante.

Confieso que durante mi adolescencia lo llegué a odiar, nunca discutimos, pero con nuestra forma de ser, el silencio bastaba para aumentar la tensión entre ambos y demostrar lo disgustados que estábamos uno con el otro. Solo fue una etapa. Cuando mi padre enfermó y quedó desempleado, empezamos a convivir más y descubrí lo parecidos que éramos. Aun recuerdo el día en que le confesé que me había dado por vencido y que ya no seguiría estudiando la ingeniería; esperaba que él me regañara o que al menos me dijera que estaba decepcionado de mí, pero no fue así, se sentó conmigo y me dijo que, después de todo, tal vez eso no era lo mío, y que no importaba lo que eligiera, él me apoyaría en todo.

La noche que él murió, yo fui el primero que lo vio así, sin vida. Lo abracé y le di las gracias por todo lo que había hecho por mí. Aquella noche, cuando mi madre y mis hermanos llegaron a casa, yo salí al patio y lloré a solas. Mi padre era la única persona que parecía entenderme, y con su muerte, el mundo empezaba a parecerme un lugar más solitario.

Después de eso, mi vida cambió. Empecé a salir con alguien. Me fui de casa y viví solo, en la Cd de México. Ingresé a la universidad. Mi ideología y mis creencias cambiaron… y hubo varios momentos en los que me habría gustado que él siguiera con vida, para contarle todo lo que estaba haciendo, para pedirle algún consejo, o simplemente para platicar con él de cualquier cosa.

Y un día, dos años después de su muerte, soñé con él; fue un sueño muy extraño, yo estaba consciente de que estaba soñando, pero él (o la representación onírica de él) parecía no entender porqué me sorprendía tanto verlo ahí, después de tanto tiempo. Le dije que no me hiciera caso, que simplemente estaba feliz de verlo de nuevo, y lo abracé, sabiendo que pronto despertaría, él puso su mano sobre mi cabeza y sonrió. Fue solo un momento, y cuando desperté, yo estaba llorando, pero me sentía feliz.

Ya no me siento solo, conocí a una linda chica de la cual me enamoré, y ahora vivimos juntos. Tal vez él ya no está, pero me siento feliz por haber tenido un padre como él, que estuvo conmigo el tiempo necesario, que me enseñó tantas cosas, y que me ayudó a convertirme en el hombre que soy ahora.

Apología de la Soledad. 

—La gente como vos no puede tener amigos—me dijo; y debo admitir que tenía razón. 

Hasta cierto punto, es cierto. Soy una persona que no tiene amigos, siempre he sido el tipo aburrido que se aparta de los demás para regodearse en su soledad.

Aún recuerdo que, el año pasado, mientras empacaba mis cosas para irme de la Ciudad de México, me puse a pensar en todas las personas que conocí en esa ciudad, y por un instante, sentí cierta tristeza. Aquel día empaqué todo, tiré lo que ya no necesitaba,  y me fui de ahí. No me despedí de nadie y nadie fue a despedirse de mí. Tres años viviendo solo, en una de las ciudades más pobladas del mundo,  y nunca me preocupé por hacer verdaderos amigos. Tuve un par de conocidos, y llegué a convivir con algunas personas, pero nada más. 

Si bien es cierto que en mi soledad he encontrado el espacio y el tiempo necesario para escribir más, leer, dibujar e incluso hacer música, también es cierto que he tenido momentos en los que me he sentido muy solo y me hubiera gustado tener algún amigo, o amigos, con quienes hablar de temas en común. Libros, música, arte, o cualquier trivialidad. Sin embargo, nunca he sido una persona muy sociable, y en algunas ocasiones incluso he sentido cierta aversión hacia el resto del mundo.

Viene a mi memoria un recuerdo muy lejano de mi infancia, cuando regresaba con mi padre de una fiesta. La fiesta aún no terminaba, pero nosotros decidimos que ya no nos sentíamos cómodos estando ahí. Los dos caminábamos en silencio rumbo a casa, y repentinamente él dijo: “tienes que aprender que nosotros no somos como ellos, nosotros siempre vamos a estar solos”, e intentó mirar hacia otro lado para que no lo viera llorar. Yo tenía unos 7 años, y en ese momento no supe si lloraba por mí, por él, o por ambos, simplemente lo escuché y seguimos caminando.

“Siempre vamos a estar solos”…

En otras ocasiones, mi padre solía decir, con cierto aire de autosuficiencia “es mejor estar solo que mal acompañado”, y sin darme cuenta, aquella frase se convirtió en una especie de mantra que yo recitaba inconscientemente, en los días más solitarios de mi adolescencia.

Normalmente no pienso mucho en todo esto. Aprovecho la soledad para leer, escuchar música, o hacer alguna otra cosa. Pero hay momentos, hay días, en los que solo me da por pensar. Y entre tantos pensamientos, llega la nostalgia, la melancolía, y en algunos casos, incluso la depresión. Pero no importa, uno se acostumbra a ese tipo de cosas. 

Hubo un tiempo en que la soledad me dolía, hubo días en los que mi soledad era como una carga pesada que me aislaba de todo (incluso de mí mismo), pero aquellos días pasaron, y la he asimilado como algo inherente a mi persona.

Soy un tipo solitario, igual que mi padre, pero aun en mi soledad, puedo decir que he tenido un par de amistades a lo largo de mi vida (las suficientes), y también he tenido algunas relaciones que en su momento me hicieron sentir vivo.

A fin de cuentas, uno siempre está solo, pero no por completo.

Peace & Love

All apologies… 

What else should I be? 

Han pasado varios meses desde la última vez que escribí aquí. Después de vivir durante casi tres años en la ciudad de México, lejos de mi familia y de todos los que conocía, decidí irme a otro lugar. En ocasiones aun me da por extrañar ciertos lugares que solía visitar, pero a fin de cuentas, de eso se trata la vida, de seguir avanzando, de no quedarse en el mismo lugar y de no ser siempre la misma persona. 

What else could I write? 

Durante algún tiempo dejé de escribir (ni siquiera para mí mismo). He notado que eso lo hago con mayor frecuencia cuando me siento triste, o melancólico, o deprimido… Últimamente hay muy poco de eso. Aún así, no he perdido la costumbre (y el gusto) por escribir. Incluso he leído muchas cosas que había escrito en años anteriores y me sorprendió un poco lo mucho que he cambiado. Por eso, espero escribir más y con más frecuencia en mis diarios y el blog (si me dieran un dolar por cada vez que digo eso…). 

In the sun… 

En fin. Aun tengo momentos en los que la nostalgia me invade y me pongo melancólico, pero por primera vez en mucho tiempo me siento realmente bien. Ya no me siento perdido. Me ha costado mucho volver a equilibrar los distintos aspectos de mi vida, y se que aún me queda mucho por hacer, pero aquí sigo. Y como dijo Scott Fitzgerald: mañana correremos más rápido, estiraremos más los brazos, y una buena mañana…

Peace.

Despersonalización

Separas la vista del monitor y te sientes extraño. Sí, eres yo, pero eres el yo que actúa, el yo que siente las cosas, yo soy YO, el que vive de pensamientos, de percepciones, de ideas… normalmente somos uno, funcionando en perfecta sincronía. Pero, como decía, en este momento te sientes extraño, como si el mundo real fuera una construcción artificial, una imagen holográfica, irreal, y lo es, porque aunque interactúas con él de forma física, solo llegas a conocerlo y comprenderlo a través de mis pensamientos e ideas.

Creo que alguien te llama (nos llama), y antes de que pueda responder, ya estás de pie, y empiezas a caminar. Ahora yo soy el que se siente extraño. Tu desplazamiento es mecánico, eres una máquina orgánica… ehmmm… casi perfecta. Pero mi desplazamiento es etéreo, como un velo que, teniendo su origen en la parte superior de tu cuerpo, se deja agitar y ondear en el aire.

Como dije, tú y yo somos uno, pero de vez en cuando, la realidad se torna extraña y sucede esto.

Las voces se oyen lejanas y con un eco que me incomoda, como viniendo de un lugar distante, aunque sean pronunciadas por personas que están apenas a unos pasos de mí. La atmósfera se siente densa, mi mente se siente abotargada, y mi cuerpo, demasiado extraño, casi ajeno a mí.

Es algo que me pasa desde que tenía unos 7 u 8 años. Recuerdo que en una ocasión, al intentar describir esto a mi padre, le dije que sentía como si mi alma intentara salir de mi cuerpo; mi padre solo me lanzó una mirada de desaprobación y nunca lo volví a mencionar a nadie, hasta hace algún tiempo, cuando se lo explique a mi novia.

Sentimiento de Despersonalización… el nombre lo encontré hace poco mientras navegaba en internet y por fin supe cómo llamar a lo que me pasaba. Llevo ya muchos años así, sin saber en qué momento pasará o cuánto durará. Aunque he aprendido a tolerarlo, no puedo decir que ya esté acostumbrado.

En fin, en este momento me siento así, pero ya se me pasará.

Ansiedad

7:30 a.m.: Despierto, con tiempo de sobra para bañarme, cambiarme, e irme con calma al trabajo. Me levanto y me quedo así un rato (pensando, solo pensando). Entre el baño y la ropa, me doy cuenta de que mi respiración es más rápida de lo normal… sí, también tengo taquicardia, esto no está bien. Intento relajarme, me siento, cierro los ojos y respiro profundamente… exhalo… esto debe ayudar, ya en otras ocasiones ha servido. Funciona, creo que funciona… pero, de repente, empiezo a sentir una punzación cerca de la nuca. Alguien hace ruido afuera. Poner una sonrisa falsa y de buenos amigos es simple, pero no cuando estoy así, cuando la ansiedad llega, no salgo, y si ya estoy afuera, miro al suelo, intentando no cruzar la mirada con nadie, y apresurando el paso para llegar a un lugar donde me pueda sentir seguro… pero ahora… me quedo ahí sentado, aguantando la punzación en la cabeza, esperando a que ya no haya nadie afuera, para poder salir del cuarto e irme al trabajo; aunque, en este momento, ese tiempo de sobra que tenía al despertarme se ha ido, y es seguro que llegaré tarde, otra vez…

Eso sucedió ayer, hoy desperté un poco más tranquilo. Por ratos aún puedo percibir cierta sensación de ansiedad, llevo ya un par de semanas así. Supongo que todo eso se debe al exceso de estímulos e información (tareas, examenes, libros, el trabajo, etc…) y al poco cuidado que tengo de mí mismo (desvelos, lectura tras lectura sin darme un momento de descanso, el haber dejado la meditación, que empezaba a hacerme mucho bien…).

Por pura casualidad me topé con una publicación que enlistaba 23 maneras de poner al cerebro en su lugar y que aconsejaba lo siguiente:

  • Si estás cansado, dibuja flores.
  • Si estás enojado, dibuja líneas.
  • Si te duele algo, esculpe.
  • Si estás aburrido, llena una hoja de papel con colores diferentes.
  • Si estás triste, dibuja un arcoíris.
  • Si tienes miedo, teje macramé o elabora aplicaciones de telas.
  • Si sientes angustia, haz una muñeca de trapo.
  • Si estás indignado, rompe el papel en pedazos pequeños.
  • Si estás preocupado, practica origami.
  • Si estás tenso, dibuja patrones diferentes.
  • Si necesitas recordar algo, dibuja laberintos.
  • Si estás decepcionado, haz una réplica de una pintura.
  • Si estás desesperado, dibuja caminos.
  • Si necesitas entender algo, dibuja mandalas.
  • Si necesitas restablecer las energías, dibuja paisajes.
  • Si quieres entender tus sentimientos, dibuja un autorretrato.
  • Si es importante recordar tu estado, dibuja manchas de colores.
  • Si necesitas sistematizar tus pensamientos, dibuja celdas o cuadrados.
  • Si quieres entender tus deseos, haz un collage.
  • Si quieres concentrarte en tus pensamientos, dibuja usando puntos.
  • Para encontrar la solución óptima a una situación, dibuja olas y círculos.
  • Si sientes que estás estancado y necesitas seguir adelante, dibuja espirales.
  • Si quieres concentrarte en una meta, dibuja cuadrículas y un blanco.

Según la lista, debo hacer una muñeca de trapo. Mi novia cree que debería probar, pero no creo que termine haciendo eso. Aún así, la lista parece interesante. Yo mismo tengo unos cuantos métodos para “estabilizarme”, como la respiración profunda (que mencioné al principio) para centrarme; dibujar también me ayuda a poner mi mente en blanco y olvidarme de mis preocupaciones; tocar la guitarra me relaja e incluso me ayuda un poco cuando tengo dolor de cabeza.

Pero lo de estos días es distinto, creo que empiezo a llegar al límite. La semana pasada, al intentar leer un libro, me di cuenta de que no entendía nada, incluso después de releer 3 o 4 veces la misma línea (sí, no pude comprender ni siquiera una línea del texto que estaba leyendo).

Mi novia me aconsejó ir a terapia. Yo ya lo había considerado; pero antes quiero volver a intentar por mi propia cuenta, estabilizar cada área de mí mismo: con la meditación, actividades más sanas, una buena alimentación, dormir bien, y sobre todo planificar mejor mi tiempo para no llenarme de mil cosas a la vez.

Ya veremos qué sucede. Si nada de eso funciona, aceptaré ir a terapia.

Por cierto, llevo toda la semana intentando escribir algo, y no he podido; en estos momentos aprovecho el breve momento de “claridad” que tengo para poder actualizar el blog. Escribir también es bueno para la salud (lo dice Gabriella Literaria), pero se siente terriblemente mal cuando lo intentas y simplemente no te sale nada, supongo que el haber escrito este post ya se puede considerar un avance (Bien por mí). Por ahora, eso es todo.

Nos leemos en otra ocasión, damas y caballeros.

El Spleen del Mago I – ¿Qué día es hoy?

¿Qué día es hoy?

¿Acaso importa?

Todos los días son solo la continuación del día anterior, la división del tiempo es solo una ilusión, igual que todas las demás cosas; y como Jose Arcadio Buendía me digo a mí mismo y a mis otros yo, que de pronto me he dado cuenta de que sigue siendo Lunes, igual que ayer.

Una profunda sensación de hastío me cubre. No tengo ganas de hacer nada, sin embargo, lo que es necesario realizarse, lo hago, mecánicamente y sin emoción, pero lo hago. Pequeños momentos a lo largo del día me dan cierta satisfacción… pero son breves momentos, en los que siento que vuelvo a ser yo.

Al despertar, me levanto sin ganas, me baño, me visto, y salgo al trabajo. Un poco de música para hacer más llevadero el día. Hay que trabajar, poner buena cara a todo el mundo, y repetirme a mí mismo que aguante, que aquí es donde debo estar, que tal vez algo cambiará mañana.

Al anochecer, me acuesto, leo un libro, o dibujo algo… ya no toco la guitarra, porque no se me da la gana, aunque en el fondo algo me pide que toque un poco, pero ya es tarde y hay que dormir. Apago las luces y me acuesto. Por lo general, el sueño me arrastra sin que yo me de cuenta, y eso está bien, me gusta que sea así. El problema es que hay noches en que no puedo dormir y me pongo a pensar, eso no me gusta, los pensamientos que aparecen en la oscuridad y se mezclan con mi melancolía no son siempre mis favoritos.

Ya casi no escribo. Hoy decidí escribir un poco. Este spleen es tolerable, y se que pronto se me pasará, y volveré a planear e iniciar nuevos proyectos, emocionado por lo que vendrá y esperando lo mejor de ese mañana que nunca llega. Por ahora, eso es todo. Nos leemos en el futuro, damas y caballeros.