Llueve…

Voy de camino a casa, después de un día de trabajo. Ha sido un día nublado pero he alcanzado a subir al autobús justo cuando empezaba a llover. Me pongo los audífonos y saco el libro que inicié unos días atrás.

El libro es El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks, un libro muy interesante sobre extraños casos con patologías de origen neurológico.

De repente, un aroma me hace apartar la vista del libro (justo en un capítulo sobre reminiscencias), e inconscientemente busco el origen de ese aroma, sin descubrir de dónde viene, permanece unos segundos y desaparece poco a poco.

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Por un momento, ese perfume me recuerda el pasado, no a una persona, ni a un lugar, ni siquiera un momento preciso; simplemente pienso en el pasado, en la hierba mojada después de una noche de lluvia cuando yo era niño, en mi padre, en el chico ingenuo que buscaba a Dios en la religión, mi primer beso…

Miro hacia la ventana, empañada por la lluvia, algunas luces se distinguen detrás de las gotas que han logrado adherirse al cristal, y que se deslizan lentamente, mientras el vehículo sigue en movimiento.

Por un momento, la secuencia de imágenes de mi pasado se detiene…

Me puedo ver a mí mismo, corriendo por una calle solitaria, hace unos dos años. Llego a toda prisa a la Avenida, donde la calle solitaria termina y se puede ver a más gente que, como yo, camina rápidamente porque empieza a llover. Bajo las escaleras, en dirección a los andenes. Los vagones del metro vienen llenos, hay mucha gente esperando, algunos se aventuran a buscar un lugar a empujones, yo prefiero sentarme a leer mientras espero. Miro el reloj y sé que se me hará tarde.

Media hora más tarde me encuentro cruzando un parque, sigue lloviendo pero con menor intensidad. Un mensaje en el celular me dice que ella no me puede esperar más y que se va a casa, yo hago lo mismo. Unos minutos después, yo llegaría al cuarto que rentaba en aquellos días y leería un libro antes de dormir. Antes de quedarme dormido, me preguntaría a mí mismo si aquel era el lugar en el que yo debería estar, lejos de mi familia, del lugar en el que crecí. “Terry Pratchett tiene razón, los magos no tienen casa”, me diría a mí mismo antes de quedarme dormido… los magos no tienen casa.

Vuelvo al presente…

Eso fue hace dos años, ahora ya no me siento solo. Y aunque a veces me siento nostálgico y triste, es una nostalgia que me gusta, una tristeza que no hace daño.

En mi lista de reproducción empieza a sonar un cover de Daniela Andrade…

Bajo del autobús y camino a casa. Cuánto han cambiado las cosas, antes solía sentirme perdido pero ya no.

Todavía llueve…

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Por fin… Un (no tan) merecido descanso.

Me alegra que mi jefe se haya apiadado de nosotros y dejara de lado esa absurda idea de hacernos trabajar el 16 de Septiembre.

Siendo las 2:15 de la mañana, aún se puede escuchar la música en algunos lugares cercanos; a mi no me gusta mucho celebrar este tipo de fiestas, en la medida de lo posible, casi siempre intento evitar cualquier celebración que implique socializar con un grupo considerable de personas; en su lugar, he preferido quedarme en casa, a cenar con mi novia, vimos algunos capítulos de una serie de tv, y en cuanto ella se quedó dormida, me puse a leer un rato.

Todo está muy bien, dijo Neruda. Sin duda.

What if…

Últimamente me ha dado por pensar en lo frágil que es la realidad que conocemos, en su tendencia al cambio. Y es que, de eso se trata la vida, de un constante cambio, pero vivimos sin pensar mucho en ello, simplemente aceptando todo tal y como es.

Todos los días tomamos decisiones que encaminan nuestra vida por un rumbo o por otro. Hay decisiones importantes en las que pareciera que nosotros tenemos todo el control: renunciar a un empleo, compartir nuestra vida con alguien más, mudarse de un lugar a otro. En esas grandes decisiones uno puede vislumbrar lo que seguirá después, las consecuencias de las elecciones, uno puede ver qué camino tomará nuestra vida y cómo cambiarán las cosas, pero incluso las decisiones pequeñas tienen grandes repercusiones en el futuro. Salir un minuto antes o un minuto después puede cambiar tantas cosas, elegir ir a un lugar o a otro te lleva a encontrarte con diferentes personas, las cuales, de una manera u otra, influirán en lo que harás después o en cómo lo harás.

Y así, la vida se forma a partir de nuestras elecciones; incluso el hecho de no elegir ya es una elección.

Pero qué importa, nuestro destino no está escrito, dicen por ahí, nosotros forjamos nuestro propio destino. Y es cierto, por eso no nos preocupamos tanto al tomar elecciones pequeñas, incluso con las grandes decisiones, tenemos esa sensación de que todo se está haciendo tal como debe hacerse (o no, pero aun así, lo hacemos, y damos ese salto de fe hacia ese lugar invisible que llamamos futuro).

Pero avanzamos, y el futuro incierto se convierte en nuestro presente. Es ahí donde me detengo a pensar, ¿qué tanto habría cambiado mi vida si hubiera hecho algo de manera distinta?

Pienso en ella y me siento feliz de estar aquí, de que nuestros caminos se cruzaran, de haberla conocido en el momento y lugar exacto.

—¿Si nos hubiéramos conocido mucho antes, crees que igual hubiéramos terminado juntos?— me preguntó en una ocasión. Y honestamente, creo que no, que todas las cosas por las que pasamos antes de encontrarnos nos fueron empujando por rumbos nuevos hasta hacernos coincidir en un mismo camino, si la hubiera conocido antes, o después, tal vez simplemente hubiéramos seguido caminando, ella por su lado y yo por el mío.

También pienso en mi madre, si ella y su primer esposo no se hubieran separado, mi padre habría terminado con alguien más y yo ni siquiera estaría aquí, escribiendo esto. ¿También debería agradecerle a ese hombre por divorciarse de mi madre? No, creo que no, pero basta con aceptar que así fue y así tuvo que ser.

Hace unas semanas, revisé por pura curiosidad los mensajes de una cuenta que no usaba desde el año pasado, y descubrí que una chica me había mandado un mensaje diciendo que su banda de rock necesitaba un integrante más, que habían visto mi mensaje y habían escuchado mis grabaciones, que me comunicara con ella para ver qué se podía hacer; el mensaje era de Febrero del año pasado. Por aquellos días, la persona con la que salía me pidió dejar las redes sociales por un tiempo, lo cual me pareció bien, de no ser porque a excepción de ella, yo no tenía ningún otro amigo (fuera de Internet) con quien salir o pasar el rato, así que empecé a pasar más tiempo a solas, leyendo, escribiendo, practicando con mi guitarra, y alimentando una depresión que me apartaba cada vez más del resto del mundo. Y mientras yo exploraba las partes más oscuras de mi persona, ese mensaje seguía ahí, esperando respuesta, así que cuando lo leí no pude evitar pensar en qué tanto habría cambiado mi vida y las decisiones que tomaría posteriormente, ¿seguiría viviendo en el mismo lugar?, ¿qué otras personas habría conocido?, ¿qué otras historias tendría para contar?.

¿Te arrepientes de algo que hayas hecho?, me preguntó alguien, hace poco. Probablemente sí, me habría gustado cambiar un par de cosas; pero entonces pienso en todo esto, y si hubiera hecho algo de manera distinta toda mi vida como la conozco sería diferente, y entonces me arrepentiría de otras cosas, así que prefiero simplemente no lamentar nada, y aceptar que la vida que he vivido es la vida que he elegido, y que no podría estar mejor.

En fin.

Solo estoy divagando.

Nos leemos en el próximo post.

El cuestionario Proust…

 

Saludos, damas y caballeros.

Por fin tenemos computadora e internet en casa.

Ya teníamos una laptop, y con mi plan de datos podía navegar desde el celular hasta el cansancio, pero… bueno… ya saben, no es lo mismo.

Extrañaba poder sentarme frente al escritorio, ante la luz inquisidora de la pantalla, y escribir… como solía hacerlo hace tanto tiempo.

Así que… supongo que el blog ya no estará tan abandonado. Y también podré retomar algunos viejos proyectos e iniciar otros nuevos que tengo en mente desde hace un buen rato.

Ya habrá tiempo para todo eso. Un paso a la vez, dice el Mago.

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En fin…

Revisando los viejos archivos del blog me topé con algunas publicaciones como ésta, de hace poco más de un año, y me sorprende ver cómo ha cambiado mi vida en este tiempo. Todo ese hastío acumulado que me hacía sentir que estaba llegando a un callejón sin salida ahora solo es un viejo recuerdo que poco a poco se desvanece.

Junto a esas publicaciones, también encontré borradores que nunca llegué a publicar, uno de ellos contenía el famoso Cuestionario Proust (para quien no sepa de qué se trata, puede googlearlo… o simplemente dar click aquí); así que decidí actualizarlo y publicarlo hoy, mientras termino de editar los demás posts que pronto publicaré también por aquí.

 

Comencemos con el interrogatorio…

1. ¿Principal rasgo de su carácter?

Introvertido.

2.  ¿Qué cualidad aprecia más en un hombre?

La lealtad.

3.  ¿Y en una mujer?

La inteligencia.

4. ¿Qué espera de sus amigos?

Simplemente poder contar con ellos cuando los necesite.

5.  ¿Su principal defecto?

Mi impuntualidad, o tal vez mi misantropía.

6. ¿Su ocupación favorita?

Leer, definitivamente leer (Cuentos, novelas, cómics, lo que sea).

7. ¿Su ideal de felicidad?

Los días libres en los que no tengo ningún compromiso y simplemente puedo disfrutar del día haciendo cualquier cosa (o ninguna).

8. ¿Cuál sería su mayor desgracia?

Darme cuenta que he llegado al límite de todo lo que puedo hacer y que de ahí en adelante, todo se vuelva monótono y rutinario… afortunadamente, aun hay muchas cosas por hacer.

9.  ¿Qué le gustaría ser?

La mejor versión de mí mismo.

10.¿En qué país desearía vivir?

Tal vez suene un poco cliché, pero… yo diría que Francia… aunque también me gustaría visitar España, o Argentina, .

11.  ¿Su color favorito?

Negro.

12. ¿La flor que más le gusta?

No se… ¿Tulipanes?

13. ¿El pájaro que prefiere?

El colibrí.

14. ¿Sus autores favoritos en prosa?

Julio Cortázar, Terry Pratchett, Haruki Murakami, Neil Gaiman, Isaac Asimov, John Kennedy Toole, Jack Kerouac…

15.  ¿Sus poetas?

Charles Baudelaire, Alejandra Pizarnik, Pablo Neruda, Juan Gelman…

16. ¿Un héroe de ficción?

John Constantine.

17.  ¿Una heroína?

Silhouette (Watchmen).

18. ¿Su compositor favorito?

Uhmmm… no se… Paganini, Dylan, Morrison, Lennon, Saul Hernandez…

19. ¿Su pintor preferido?

Van Gogh, el Bosco, Dalí, Remedios Varo…

20. ¿Su héroe de la vida real?

Mi padre.

21. ¿Su nombre favorito?

Luis.

22. ¿Qué hábito ajeno no soporta?

Los chismes.

23. ¿Qué es lo que más detesta?

A la gente que habla mal de otros solo para sentirse mejores.

24. ¿Una figura histórica que le ponga mal cuerpo?

Veo a la historia de un modo muy objetivo, incluso los personajes más crueles o sádicos me son indiferentes (algunos hasta me parecen interesantes)

25. ¿Un hecho de armas que admire?

Las cruzadas.

26. ¿Qué don de la naturaleza desearía poseer?

Volar, tal vez.

27. ¿Cómo le gustaría morir?

De manera tranquila, rodeado de personas que me quieran y con la satisfacción de haber logrado todo lo que me propuse en vida.

28. ¿Cuál es el estado más típico de su ánimo?

Apacible, con cierta inclinación hacia la melancolía.

29. ¿Qué defectos le inspiran más indulgencia?

La ignorancia.

30. ¿Tiene un lema?

El del Mago solía ser Peace&Love… personalmente no tengo uno en especial.

 

Y eso fue todo. Supongo que el próximo año volveré a responder las preguntas y compararé mis respuestas; ustedes también pueden hacerlo, si gustan.

Nos leemos en el siguiente post, damas y caballeros.

Peace&Love…

All apologies… 

What else should I be? 

Han pasado varios meses desde la última vez que escribí aquí. Después de vivir durante casi tres años en la ciudad de México, lejos de mi familia y de todos los que conocía, decidí irme a otro lugar. En ocasiones aun me da por extrañar ciertos lugares que solía visitar, pero a fin de cuentas, de eso se trata la vida, de seguir avanzando, de no quedarse en el mismo lugar y de no ser siempre la misma persona. 

What else could I write? 

Durante algún tiempo dejé de escribir (ni siquiera para mí mismo). He notado que eso lo hago con mayor frecuencia cuando me siento triste, o melancólico, o deprimido… Últimamente hay muy poco de eso. Aún así, no he perdido la costumbre (y el gusto) por escribir. Incluso he leído muchas cosas que había escrito en años anteriores y me sorprendió un poco lo mucho que he cambiado. Por eso, espero escribir más y con más frecuencia en mis diarios y el blog (si me dieran un dolar por cada vez que digo eso…). 

In the sun… 

En fin. Aun tengo momentos en los que la nostalgia me invade y me pongo melancólico, pero por primera vez en mucho tiempo me siento realmente bien. Ya no me siento perdido. Me ha costado mucho volver a equilibrar los distintos aspectos de mi vida, y se que aún me queda mucho por hacer, pero aquí sigo. Y como dijo Scott Fitzgerald: mañana correremos más rápido, estiraremos más los brazos, y una buena mañana…

Peace.

El dilema del erizo

Como los erizos, ya sabéis, los hombres sintieron su frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabéis, como en los erizos.

Donde habite el olvido, Luis Cernuda.

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Fueron casi tres años. Casi tres años de buenos momentos, malos ratos, alegrías, tristezas, discusiones, todo eso, compartido con alguien que parecía ser lo que algunos llaman “la persona indicada”.

Y poco antes del final… ahí estaba yo, solo, contemplando las cosas buenas y las cosas malas, poniéndolas en una balanza que no dejaba de moverse de un lado a otro.

El cálculo debía hacerse fríamente y sin emociones…

Era necesario tomar una decisión…

Una ruptura nunca es fácil, siempre queda el “y qué tal si…” en el aire. Pero ya habían sido demasiados “Qué tal si…” que nos habían hecho volver a intentarlo, y siempre regresábamos al mismo lugar.

No fue algo repentino, lo consideré durante mucho tiempo, lo alargué hasta donde pude, a veces buscando una pequeña esperanza en medio de tantas dudas. En algún momento todo estará bien, me decía a mí mismo, todas las parejas tienen problemas y discusiones, es normal. Pero mientras más lo pensaba, mientras más lo analizaba, resultaba más obvio lo que debía hacer. Y aun así, esperé todavía más.

Y los días se alargaron…

Mis depresiones tampoco ayudaban. Había encontrado una zona de confort y me sentaba cómodamente a contemplar mi miseria, a observar mi propia oscuridad. Me volví adicto a mi propia melancolía. Cuando peor me sentía, ella no estuvo. Y cuando ella me necesitaba, yo tampoco estuve como ella esperaba. Me fui perdiendo dentro de mí mismo, pensando que nada importaba y que no había nada que valiera la pena, volviéndome ajeno al resto del mundo.

Y los reclamos… las quejas por el estado en el que me encontraba, por mi falta de interés en la escuela, el trabajo, en la vida. No la culpo, a veces ni yo mismo me soportaba, pero el suicidio ya me parecía algo demasiado simple, innecesario, y hasta vulgar, así que debía seguir lidiando conmigo mismo.

Fue difícil, pero era necesario tomar una decisión, ¿seguir alargando los días o poner un punto final?.

Dolió… sí, mucho… dolió todo lo que tenía que doler (pero ya solo dolería una vez, una última vez). Ya no habría más discusiones ni expectativas que cumplir, ya no habría nada más. Aún así, tuve que verla a la cara al contarle sobre mi decisión, fingir indiferencia, y escuchar lo que ella tenía que decir, eso dolió un poco más… pero ya no dije nada, solo me quedé callado y esperé, ocultándome tras una máscara de insensibilidad, o tal vez era que ya no había más máscaras y por fin podía mostrarme insensible y sin emociones… quién sabe. Alguien me había dicho por aquellos días que yo era el peor ser humano que había conocido, si lo dijo en tono de broma o realmente lo creía al decirlo, no lo se, y en ese momento, al verla llorar por mi culpa, así me sentí: el peor ser humano sobre la tierra.

Pero ya no había marcha atrás. Arrepentirme en ese momento de la decisión que tomé de manera racional porque mis caóticas emociones no concordaban con tal elección solo habría reiniciado nuevamente el ciclo que tantas veces habíamos repetido.

Nunca he sido bueno para las despedidas, pero al dar por terminada esa conversación, darle la espalda y empezar a caminar… volví a sentirme solo y sin rumbo fijo. Una etapa muy interesante de mi vida (como ella lo había llamado) había terminado, pero no era el fin del mundo (nunca lo es), aún había un camino delante de mí. Y para bien o para mal, debía seguir caminando.

Al final, de eso se trata la vida, únicamente de seguir caminando.

 

Alma mía eterna,
cumple tu promesa
pese a la noche solitaria
y al día en fuego.

Pues tú te desprendes
de los asuntos humanos,
¡De los simples impulsos!
Vuelas según…

~Rimbaud~

Hablando de mujeres…

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Martes… el día después del lunes (es obvio, ¿no?). Llego tarde al trabajo, saludo a mi jefa y a la otra señora que trabaja aquí, me siento en mi escritorio y enciendo la computadora. Mi jefa entra a su oficina y yo me levanto para servirme una taza de café.

Bien —me digo a mí mismo, mientras vuelvo a mi lugar— aquí vamos…

La señora que hace el aseo pasa frente a mí y entra a la oficina de la contadora (mi jefa), como todos los días, para limpiar un poco.

—Felicidades —le dice la contadora— déjeme darle un abrazo.

—Gracias, gracias —responde ella.

—¿Sí sabe porqué la estoy felicitando?

La señora del aseo dice que no, se oyen risas, y después le explican que hoy es “El día de la mujer” y que por eso la han felicitado. Ella también felicita a mi jefa. Sale de la oficina diciendo que no sabía, pero que es bueno enterarse de que hoy se festeja a todas las mujeres, etc, etc…

Y mientras ella va saliendo de la oficina, yo solo pienso…

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No ahora, por favor…

En fin. Llevo ya un año trabajando aquí, y he ido conociendo bien a la mayoría de los que aquí trabajan, así que ya sabía cómo continuaría todo esto… pero ustedes no, así que les seguiré contando.

Como les iba diciendo, ella sale muy contenta por ese abrazo y esa felicitación, hasta ahí todo bien, pero apenas sale de la oficina fija su mirada en mi y en la otra señora, y le dice a la contadora que es una lástima que se tengan que felicitar entre ellas, porque los hombres ni siquiera nos acordamos de felicitarlas.

Yo finjo no haber escuchado eso, y mientras la señora del aseo sale, la otra señora me ve y hace un gesto, como diciendo “ya va a empezar otra vez”.

Ojalá todo acabara ahí. Pero no, del otro lado, hay un par de ingenieros trabajando en cosas que tenían pendientes. La señora del aseo se dirige hacia allá y desde aquí se le puede oír.

—Es una pena que ningún hombre se acordara de nuestro día —dice ella— por eso tenemos que felicitarnos entre nosotras…

Ellos se disculpan y le dicen que no se les olvidó. Feliz día de la mujer, dicen ellos. Vuelve a pasar por aquí, y continúa “bromeando” con eso de que los hombres no se acordaron de las mujeres en su día. Empieza a cruzar esa linea entre lo gracioso y lo realmente molesto.

Y así sigue, hasta que alguien le explica que hoy no se festeja nada, que se conmemora la lucha de las mujeres por la igualdad, le cuenta de las obreras que murieron en aquel incendio, a principios del siglo pasado, en Nueva York, y de paso le cuenta sobre Malala. Ella lo escucha pero le dice que igual quiere que le den la razón y que la feliciten por ser mujer. Después se acerca a la otra señora (a quien tampoco le cae muy bien) y le dice que seguramente los hombres no las felicitan porque les tienen envidia. La otra señora le dice que se equivoca y que debería dejar de hablar tanto sobre eso, pues… de hecho, ella ni siquiera sabía qué se conmemoraba hoy, hasta que la felicitaron. Ella no cede y prosigue, usando frases hechas y lugares comunes, para reivindicar su derecho a ser felicitada. Yo… bueno, yo… prefiero guardar silencio, no tiene caso agregar nada a lo que se está diciendo. Después de un rato se cansará y todo volverá a la normalidad (más o menos).

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Antes de que alguien se moleste, no estoy en contra de que haya un “día de la mujer“, pero una cosa es conmemorar y recordar a todas esas mujeres que han luchado por lograr un cambio en la sociedad y otra, muy diferente, es felicitar a alguien por el simple hecho de ser mujer.

No me malentiendan, no soy misógino ni nada por el estilo, pero últimamente varios movimientos “feministas” han puesto de moda el exaltar a las mujeres por el simple hecho de ser mujeres, mas no por sus logros; piden que se deje de “cosificar” a la mujer pero en su lugar imponen la idealización de la misma, que a fin de cuentas también está mal (en la poesía y el arte no hay problema, pero en el mundo real esto… no es muy recomendable).

Por mi parte, he conocido a mujeres realmente fuertes y admirables, que no necesitaron de la aprobación de los hombres para demostrar que sí podían; no exigían el respeto ni la admiración de los demás, ellas se lo ganaban por sí mismas.

Mi madre, por ejemplo, que crió a mis cuatro medios hermanos (aguantando los malos tratos de su pareja), salió adelante, conoció a mi padre y volvió a construir un hogar, no solo para mí, sino también para mis hermanos; cuando mi padre enfermó, ella tomó la responsabilidad de que nada hiciera falta en casa. Mi abuela, que a pesar de sus años y su debilitada condición física, seguía yendo cada miércoles y domingo al mercado, para poder ganar algún dinero extra (aunque fuera poco). Mi tía, que nunca fue a la escuela, pero se esforzó por cuidar a sus hermanos (mi padre y mi tío) desde su infancia hasta sus últimos días, los cuales aguantó en silencio, fingiendo que todo estaba bien para no preocuparnos ni causar molestias, y muriendo como quien ya ha agotado todas sus fuerzas y ha decidido irse a descansar.

Por mujeres como ellas y muchas más (que no podría enumerar, porque me extendería demasiado) vale la pena conmemorar este día, porque se han ganado un lugar importante dentro de sus familias, la sociedad y el mundo.

Son nuestros actos los que nos deben dar el respeto de los demás, y no el hecho de tener un pene o una vagina.

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Extra:

Otro compañero de trabajo llega a la oficina después del mediodía. La señora que está aquí al lado (no la del aseo) le dice que si se acuerda que hoy es el día internacional de la mujer, a lo que él responde que sí lo sabe, pero que no se festeja nada, que este día es para recordar a las mujeres que murieron en aquella fábrica en Nueva York y a todas las mujeres que luchan por la igualdad de derechos.

Ella y mi jefa le responden que eso fue en Estados Unidos, que nosotros somos mexicanos, y él intenta explicarles que, de hecho, es por eso que se conmemora el día de la mujer. Ellas le dicen que no, que lo de las obreras que murieron allá estuvo muy mal, pobrecitas, pero eso no nos interesa a nosotros, pues no somos gringos, somos mexicanos…

Así las cosas.