El dilema del erizo

Como los erizos, ya sabéis, los hombres sintieron su frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabéis, como en los erizos.

Donde habite el olvido, Luis Cernuda.

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Fueron casi tres años. Casi tres años de buenos momentos, malos ratos, alegrías, tristezas, discusiones, todo eso, compartido con alguien que parecía ser lo que algunos llaman “la persona indicada”.

Y poco antes del final… ahí estaba yo, solo, contemplando las cosas buenas y las cosas malas, poniéndolas en una balanza que no dejaba de moverse de un lado a otro.

El cálculo debía hacerse fríamente y sin emociones…

Era necesario tomar una decisión…

Una ruptura nunca es fácil, siempre queda el “y qué tal si…” en el aire. Pero ya habían sido demasiados “Qué tal si…” que nos habían hecho volver a intentarlo, y siempre regresábamos al mismo lugar.

No fue algo repentino, lo consideré durante mucho tiempo, lo alargué hasta donde pude, a veces buscando una pequeña esperanza en medio de tantas dudas. En algún momento todo estará bien, me decía a mí mismo, todas las parejas tienen problemas y discusiones, es normal. Pero mientras más lo pensaba, mientras más lo analizaba, resultaba más obvio lo que debía hacer. Y aun así, esperé todavía más.

Y los días se alargaron…

Mis depresiones tampoco ayudaban. Había encontrado una zona de confort y me sentaba cómodamente a contemplar mi miseria, a observar mi propia oscuridad. Me volví adicto a mi propia melancolía. Cuando peor me sentía, ella no estuvo. Y cuando ella me necesitaba, yo tampoco estuve como ella esperaba. Me fui perdiendo dentro de mí mismo, pensando que nada importaba y que no había nada que valiera la pena, volviéndome ajeno al resto del mundo.

Y los reclamos… las quejas por el estado en el que me encontraba, por mi falta de interés en la escuela, el trabajo, en la vida. No la culpo, a veces ni yo mismo me soportaba, pero el suicidio ya me parecía algo demasiado simple, innecesario, y hasta vulgar, así que debía seguir lidiando conmigo mismo.

Fue difícil, pero era necesario tomar una decisión, ¿seguir alargando los días o poner un punto final?.

Dolió… sí, mucho… dolió todo lo que tenía que doler (pero ya solo dolería una vez, una última vez). Ya no habría más discusiones ni expectativas que cumplir, ya no habría nada más. Aún así, tuve que verla a la cara al contarle sobre mi decisión, fingir indiferencia, y escuchar lo que ella tenía que decir, eso dolió un poco más… pero ya no dije nada, solo me quedé callado y esperé, ocultándome tras una máscara de insensibilidad, o tal vez era que ya no había más máscaras y por fin podía mostrarme insensible y sin emociones… quién sabe. Alguien me había dicho por aquellos días que yo era el peor ser humano que había conocido, si lo dijo en tono de broma o realmente lo creía al decirlo, no lo se, y en ese momento, al verla llorar por mi culpa, así me sentí: el peor ser humano sobre la tierra.

Pero ya no había marcha atrás. Arrepentirme en ese momento de la decisión que tomé de manera racional porque mis caóticas emociones no concordaban con tal elección solo habría reiniciado nuevamente el ciclo que tantas veces habíamos repetido.

Nunca he sido bueno para las despedidas, pero al dar por terminada esa conversación, darle la espalda y empezar a caminar… volví a sentirme solo y sin rumbo fijo. Una etapa muy interesante de mi vida (como ella lo había llamado) había terminado, pero no era el fin del mundo (nunca lo es), aún había un camino delante de mí. Y para bien o para mal, debía seguir caminando.

Al final, de eso se trata la vida, únicamente de seguir caminando.

 

Alma mía eterna,
cumple tu promesa
pese a la noche solitaria
y al día en fuego.

Pues tú te desprendes
de los asuntos humanos,
¡De los simples impulsos!
Vuelas según…

~Rimbaud~

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Mientras tanto…

fuck

Ya es lunes. Otra vez. Esta semana debo entregar varias cosas que he venido postergando en el trabajo; por suerte, he ido adelantando de todo un poco, así que solo debo dar punto final a cada pendiente, y el viernes me sentiré por fin libre de tanta presión…

Entonces podré concentrarme en los pendientes de la escuela, de mis “proyectos personales”, y si queda tiempo, también de mi vida.

¿Alguna vez han sentido que la vida se pasa sin que ustedes la vivan realmente? Yo sí, hace algunos años, mi vida era solamente despertar, ir al trabajo, regresar a casa, los sábados cambiaba un poco la rutina, porque en vez de ir al trabajo iba a la escuela, los domingos no hacía mucho.

De repente, toda mi vida era como esos infomerciales o los programas de concursos que pasan a medianoche y que nadie ve, y yo pasaba a ser un personaje secundario de mi propia historia (si hubiera seguido así, probablemente hasta hubiera terminado como un extra o solo como el que abre y cierra el telón).

Un día, decidí dejar todo… la escuela, el trabajo, mi casa… y me vine al D.F… ehmmm… perdón, a la CDMX (?)

¿En qué estaba?

Ah, sí. Hoy es Lunes. La rutina se vuelve demasiado tediosa, pero ya tengo un par de cosas que he estado planeando hacer, ahora solo me falta tiempo. He valorado muy poco mi tiempo, que a veces se me pasa sin que lo aproveche realmente.

Y así están las cosas, mi trabajo y la escuela consumen casi todo mi tiempo, mis proyectos personales siguen en fase de planeación, y mi vida… bueno, mi vida está en pausa (tanto así que hasta me he olvidado de mi alter ego). Pero ya pasará, y debo prepararme para cuando tenga que enfocarme en todo lo que quiero hacer.

Nos leemos en el futuro, damas y caballeros. Peace&Love

Heaven knows I’m miserable now…

 

—¿O prefieres quedarte a descansar hoy? tal vez estás cansado y no tienes muchas ganas de salir— dice ella.

Pienso un poco…

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La verdad… sí… pero no es solo hoy; la verdad es que llevo varias semanas así, sin ganas de salir a ningún lugar. Preferiría quedarme encerrado todo el día en mi cuarto, leyendo, escuchando música, o simplemente durmiendo. No tengo ganas de salir, ni de enfrentar al mundo, ni de relacionarme con el resto de la humanidad. No tengo ganas de nada.

Pero tampoco quiero pasar todo el día encerrado, y por eso me obligo a mí mismo a salir, ya sea al trabajo, a algún compromiso, a recoger algún libro, a comprar algo, lo que sea… cualquier pretexto que me haga salir. Porque el encierro me deprime. Por eso salgo, a hacer cosas que ni siquiera me gustan, que hago por obligación, porque al menos esas cosas me mantienen vivo. Quizá más adelante, en el camino, encontraré otras cosas… cosas que sí me gusten; entonces no solo me sentiré vivo, sino que viviré de verdad. Por ahora, esto es lo que hay.

Tengo una nota escrita por mí, para mí mismo, que me recuerda que la vida no es tan mala, que he tenido (y que tendré) días buenos. Sigo sintiéndome bastante deprimido la mayor parte del tiempo. Pero cuando salgo, intento aparentar lo contrario, y supongo que lo hago bien, casi nadie nota el decadente estado de mi espíritu, hay muchas cosas que me guardo solo para mí; después vendrán días mejores, me digo. Después, todo será mucho mejor.

—No, está bien— le respondo— ya voy para allá.

And heaven knows I’m miserable now… ♪ ♫

Ansiedad

7:30 a.m.: Despierto, con tiempo de sobra para bañarme, cambiarme, e irme con calma al trabajo. Me levanto y me quedo así un rato (pensando, solo pensando). Entre el baño y la ropa, me doy cuenta de que mi respiración es más rápida de lo normal… sí, también tengo taquicardia, esto no está bien. Intento relajarme, me siento, cierro los ojos y respiro profundamente… exhalo… esto debe ayudar, ya en otras ocasiones ha servido. Funciona, creo que funciona… pero, de repente, empiezo a sentir una punzación cerca de la nuca. Alguien hace ruido afuera. Poner una sonrisa falsa y de buenos amigos es simple, pero no cuando estoy así, cuando la ansiedad llega, no salgo, y si ya estoy afuera, miro al suelo, intentando no cruzar la mirada con nadie, y apresurando el paso para llegar a un lugar donde me pueda sentir seguro… pero ahora… me quedo ahí sentado, aguantando la punzación en la cabeza, esperando a que ya no haya nadie afuera, para poder salir del cuarto e irme al trabajo; aunque, en este momento, ese tiempo de sobra que tenía al despertarme se ha ido, y es seguro que llegaré tarde, otra vez…

Eso sucedió ayer, hoy desperté un poco más tranquilo. Por ratos aún puedo percibir cierta sensación de ansiedad, llevo ya un par de semanas así. Supongo que todo eso se debe al exceso de estímulos e información (tareas, examenes, libros, el trabajo, etc…) y al poco cuidado que tengo de mí mismo (desvelos, lectura tras lectura sin darme un momento de descanso, el haber dejado la meditación, que empezaba a hacerme mucho bien…).

Por pura casualidad me topé con una publicación que enlistaba 23 maneras de poner al cerebro en su lugar y que aconsejaba lo siguiente:

  • Si estás cansado, dibuja flores.
  • Si estás enojado, dibuja líneas.
  • Si te duele algo, esculpe.
  • Si estás aburrido, llena una hoja de papel con colores diferentes.
  • Si estás triste, dibuja un arcoíris.
  • Si tienes miedo, teje macramé o elabora aplicaciones de telas.
  • Si sientes angustia, haz una muñeca de trapo.
  • Si estás indignado, rompe el papel en pedazos pequeños.
  • Si estás preocupado, practica origami.
  • Si estás tenso, dibuja patrones diferentes.
  • Si necesitas recordar algo, dibuja laberintos.
  • Si estás decepcionado, haz una réplica de una pintura.
  • Si estás desesperado, dibuja caminos.
  • Si necesitas entender algo, dibuja mandalas.
  • Si necesitas restablecer las energías, dibuja paisajes.
  • Si quieres entender tus sentimientos, dibuja un autorretrato.
  • Si es importante recordar tu estado, dibuja manchas de colores.
  • Si necesitas sistematizar tus pensamientos, dibuja celdas o cuadrados.
  • Si quieres entender tus deseos, haz un collage.
  • Si quieres concentrarte en tus pensamientos, dibuja usando puntos.
  • Para encontrar la solución óptima a una situación, dibuja olas y círculos.
  • Si sientes que estás estancado y necesitas seguir adelante, dibuja espirales.
  • Si quieres concentrarte en una meta, dibuja cuadrículas y un blanco.

Según la lista, debo hacer una muñeca de trapo. Mi novia cree que debería probar, pero no creo que termine haciendo eso. Aún así, la lista parece interesante. Yo mismo tengo unos cuantos métodos para “estabilizarme”, como la respiración profunda (que mencioné al principio) para centrarme; dibujar también me ayuda a poner mi mente en blanco y olvidarme de mis preocupaciones; tocar la guitarra me relaja e incluso me ayuda un poco cuando tengo dolor de cabeza.

Pero lo de estos días es distinto, creo que empiezo a llegar al límite. La semana pasada, al intentar leer un libro, me di cuenta de que no entendía nada, incluso después de releer 3 o 4 veces la misma línea (sí, no pude comprender ni siquiera una línea del texto que estaba leyendo).

Mi novia me aconsejó ir a terapia. Yo ya lo había considerado; pero antes quiero volver a intentar por mi propia cuenta, estabilizar cada área de mí mismo: con la meditación, actividades más sanas, una buena alimentación, dormir bien, y sobre todo planificar mejor mi tiempo para no llenarme de mil cosas a la vez.

Ya veremos qué sucede. Si nada de eso funciona, aceptaré ir a terapia.

Por cierto, llevo toda la semana intentando escribir algo, y no he podido; en estos momentos aprovecho el breve momento de “claridad” que tengo para poder actualizar el blog. Escribir también es bueno para la salud (lo dice Gabriella Literaria), pero se siente terriblemente mal cuando lo intentas y simplemente no te sale nada, supongo que el haber escrito este post ya se puede considerar un avance (Bien por mí). Por ahora, eso es todo.

Nos leemos en otra ocasión, damas y caballeros.

El Spleen del Mago I – ¿Qué día es hoy?

¿Qué día es hoy?

¿Acaso importa?

Todos los días son solo la continuación del día anterior, la división del tiempo es solo una ilusión, igual que todas las demás cosas; y como Jose Arcadio Buendía me digo a mí mismo y a mis otros yo, que de pronto me he dado cuenta de que sigue siendo Lunes, igual que ayer.

Una profunda sensación de hastío me cubre. No tengo ganas de hacer nada, sin embargo, lo que es necesario realizarse, lo hago, mecánicamente y sin emoción, pero lo hago. Pequeños momentos a lo largo del día me dan cierta satisfacción… pero son breves momentos, en los que siento que vuelvo a ser yo.

Al despertar, me levanto sin ganas, me baño, me visto, y salgo al trabajo. Un poco de música para hacer más llevadero el día. Hay que trabajar, poner buena cara a todo el mundo, y repetirme a mí mismo que aguante, que aquí es donde debo estar, que tal vez algo cambiará mañana.

Al anochecer, me acuesto, leo un libro, o dibujo algo… ya no toco la guitarra, porque no se me da la gana, aunque en el fondo algo me pide que toque un poco, pero ya es tarde y hay que dormir. Apago las luces y me acuesto. Por lo general, el sueño me arrastra sin que yo me de cuenta, y eso está bien, me gusta que sea así. El problema es que hay noches en que no puedo dormir y me pongo a pensar, eso no me gusta, los pensamientos que aparecen en la oscuridad y se mezclan con mi melancolía no son siempre mis favoritos.

Ya casi no escribo. Hoy decidí escribir un poco. Este spleen es tolerable, y se que pronto se me pasará, y volveré a planear e iniciar nuevos proyectos, emocionado por lo que vendrá y esperando lo mejor de ese mañana que nunca llega. Por ahora, eso es todo. Nos leemos en el futuro, damas y caballeros.

Adiós, una vez más

Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo, desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el sumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios

—Alejandra Pizarnik

Parece que fue ayer, frase hecha, usada en aquellas ocasiones en que recordamos algo que es tan de uno, que ni el tiempo puede alejar de nosotros mismos. En realidad, ya han pasado dos años. Dos largos años desde aquel último día que estuve con mi padre. Y estos días me ha dado un nosequé, que me puse a recordarlo otra vez.

Hoy es miércoles, pero hace dos años fue lunes. Yo trabajaba en una recicladora. Un mes antes tuve un extraño presentimiento que llegó a mi de manera muy extraña, pues mientras separaba el plástico que se había recolectado aquel día, mi mente comenzó a divagar pensando en una y mil cosas, hasta que de repente imaginé a mi padre (que en aquel momento estaba en casa, acostado en su cama), como en una especie de sueño, él se despedía de mí y me pedía que cuidara a mi madre. Cuando me di cuenta de lo extraño que era eso, sentí un escalofrío e intenté distraerme y pensar en otras cosas, pero ya no pude dejar de pensar en eso.

Aquel lunes, yo me había presentado a trabajar como siempre; aunque la semana anterior yo ya había presentado mi renuncia, me dijeron que tenían que buscar a mi reemplazo y eso tardaría aproximadamente un mes. Sin embargo, a mediodía, me llamaron para avisarme que ese mismo día alguien se presentaría en ese centro de acopio para que yo le entregara las llaves, y que ya solo debía presentarme al siguiente día con mi jefe para firmar mi renuncia.

Regresé a casa por la tarde, ya no tenía trabajo pero podría pasar más tiempo en casa con mi padre, que todos los días se quedaba solo, pues yo me iba a trabajar y mi madre se iba con mi hermana para ayudarle en lo que hiciera falta (mi hermana vendía comida preparada y tenía una tienda). Llegué a casa y mi papá me informó que mi tío (el esposo de la hermana de mi madre) había fallecido; se había puesto mal el día anterior, el alcohol había dañado su hígado, pero nadie esperaba que fuera a morir aquel día. Sus últimas palabras se las dedicó a Dios, un irónico final para alguien que siempre se burló de la religión.

Mientras esperábamos a que mi madre llegara, para informarle del fallecimiento de su cuñado, puse un podcast que quería escuchar desde la mañana. Casualmente, el podcast hablaba sobre la muerte y su relación analógica con el sueño, desde una perspectiva junguiana. Mi madre llegó y al escuchar la noticia llamó inmediatamente a mi tía, para decirle que ya iba para allá. Calentó un poco de comida para mí, y entonces mi padre pidió un poco de pan, lo cual nos pareció extraño, pues llevaba varios días sin comer casi nada; mi madre se alegró al oír eso y se apuró a cortar la mitad de un pan para dárselo. Yo terminé de cenar mientras mi madre se preparaba y le dije que también iría, pues por alguna extraña razón sentía que debía estar en el funeral de mi tío; no es que nos lleváramos bien, de hecho casi no hablábamos, pero el día anterior, por la mañana, lo había visto y se puso a platicar un rato conmigo, quizás presintiendo que era la última vez que nos veríamos.

Como siempre, mi madre me presionó para que me apurara y yo me molesté, pues aunque siempre intentó mantenerme calmado y tranquilo (como mi padre), la verdad es que también tengo un caracter muy fuerte y, en ocasiones, explosivo (como mi madre); le dije que si no podía esperarme un poco podía irse ella sola, pero recapacité al pensar que seguramente a mi padre le dolía vernos discutir de esa manera. Me despedí de él y alcancé a mi madre. Le dimos el pésame a mi tía y a mis primos y mientras mi madre se dispuso a ayudar en lo que hiciera falta, yo me fui a un rincón para conversar con algunos familiares sobre cualquier cosa.

Poco antes de la medianoche mi madre me preguntó si ya me quería ir, para ver si mi papá necesitaba algo (pues estaba ya muy débil y casi no se levantaba de la cama), le dije que en cuanto me tomara mi café, que estaba muy caliente, me iría. Uno de mis sobrinos dijo que me acompañaría, pues ya tenía sueño y se estaba aburriendo. De camino a casa me encontré con unos conocidos, que tenían un grupo de música versátil, a quienes les conté que me había quedado sin trabajo, y me dijeron que justo ellos buscaban a un guitarrista. La idea me agradó bastante, pues podía ensayar con ellos por la noche, y durante el día podía atender a mi padre y acompañarlo. Me despedí de ellos y retomé el camino a casa.

Lo primero que hacía, cada vez que llegaba a casa, era saludar a mi padre y él siempre respondía, aquella noche no respondió. Mi sobrino solo me miraba de lejos mientras yo intentaba despertar a mi padre, cuando por fin me convencí de que ya no despertaría levanté la mirada y mi sobrino lo entendió, solo lo vi dirigirse a la puerta, abrirla y sentarse en la banqueta. Me había quedado sin saldo, no podía dejar a mi padre y tampoco podía pedirle a aquel niño sentado en la acera que fuera solo hasta donde estaban mi madre y mis hermanos. Mi padre siempre me hizo sentir un poco menos solo, pero aquella noche él se había ido, y yo no sabía qué hacer. Eran las 12:30 y no podía molestar a mis vecinos, mis tíos (hermanos de mi padre) vivían con mi abuela, solo a unas casas, pero tampoco sabía qué decirles.

Entonces recordé que otro de mis sobrinos solía conectarse a esa hora en facebook, y sí, lo encontré y le pedí que fuera al funeral de mi tío para avisarles a todos. Él me dijo que iría en ese mismo momento. Antes de que se fuera le pedí que me llevara unos cigarros.

En unos minutos ellos estarían en casa, mi madre lloraría por haber perdido al hombre con quien vivió casi 30 años, mis hermanos la consolarían, alguien más se haría cargo de notificar a quien hiciera falta. Todo estaba bien. Ahora podía tomármelo con calma y despedirme de él. Abracé su cuerpo, que aun estaba tibio, y le agradecí por todo lo que había hecho por mí. Besé su frente y le prometí que me esforzaría por hacer que se sintiera orgulloso de mí. Ya todo estaba hecho, él podía partir, y nosotros seguiríamos aquí, hasta que llegara nuestro momento también.

Salí al patio y comprendí que ahora sí estaba solo. Me fui a la parte más oscura, me arrodillé, y lloré. Escuché a los demás llegar, escuché a mi madre y mis hermanas llorar. Los días siguientes fueron como un sueño. Estando en su ataúd, mi padre abrió los ojos, su mirada estaba ahí, pero él ya no. La noche después de su entierro llovió, y pensé en lo mucho que le molestaba que lloviera de noche, pues tenía mal una pierna y le costaba mucho cruzar el patio lleno de lodo.

Parece como si hubiera sido ayer, pero ya son dos años. Mi vida ha cambiado mucho desde entonces, pero él ya no está aquí para verlo. Y hay días, como hoy, en que siento que lo extraño demasiado.

Recapitulemos…

Buenos días (o tardes, o noches), damas y caballeros. Estamos de regreso.

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Después de unas pequeñas micro-vacaciones, he regresado con la intención de levantar nuevamente (¿nuevamente?) este blog y actualizarlo con mayor frecuencia (rayos, empiezo a sonar como en el blog anterior), así que nos pondremos al día con lo que ha sucedido de este lado del monitor hasta ahora, cosas que seguramente a ninguno de ustedes les interesan, pero al menos a mí me sirven para llenar de palabras una nueva entrada y fingir que soy un blogger activo.

Un blogger activo… qué mal que de todos los blogs que antes formaban parte de mi lista de visitas diarias obligadas ya muy pocos se actualicen y la mayoría solo sean el recuerdo de lo que alguna vez fue un espacio creativo e interesante. Claro, uno también forma parte del problema, pues a diferencia de aquellos días en los que el tiempo sobraba para hacer muchas cosas (entre ellas, leer y dejar comentarios en esos blogs), actualmente, con el trabajo, las responsabilidades y todo lo demás, apenas y alcanza el tiempo para desocuparse un rato y leer con calma algún blog sobreviviente. Aún así, espero poder hacerme un espacio entre el trabajo y mi vida diaria para venir a escribir y leer otros blogs también.

En fin… recapitulemos. Actualmente, mi vida está dividida en:

~El tiempo que paso con mi novia: después de dos años de noviazgo y un poco más de conocerla (por cierto, ella también era blogger), me hace muy feliz poder estar con alguien con quien comparto muchas cosas y que ha sabido aguantarme bastante bien durante mis malos ratos. Ya sea para salir a comer, ir al cine o simplemente quedarnos en su casa a ver alguna película, siempre es agradable pasar mi tiempo con ella (incluso durante aquellas pequeñas discusiones que son inevitables en toda relación).

~El tiempo que le dedico a la lectura: ya sea un libro o algún cómic, nunca puedo dejar de leer, y no es por sonar pretencioso; de hecho, si hablo de algún libro no es para presumir que leo sino más bien para recomendarlo. Hace un par de días terminé de leer 20 días en el mundo de los muertos, de Jorge Adoum, y actualmente estoy leyendo El complot mongol y Breve historia del tiempo. Dentro de los cómics, leo Amazing Spider-Man (hace unas semanas terminó el evento Spider-verse, del cual ya hablaremos aquí), Hellblazer, American Vampire, Guardians of the Galaxy, Sandman, y Secret Wars (ese terrible evento que unificará los distintos universos Marvel en uno solo, alterando toda la continuidad de las historias… cómo odio eso; aun así, estoy leyendo ese “evento Marvel” también).

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~El tiempo que le dedico a la música: Definitivamente, la música siempre será parte importante de mi vida, así sea escuchando música en mi iPod cuando voy de donde estoy viviendo actualmente al trabajo (y de regreso) o en mi cuarto, o practicando las canciones de la banda en la que estoy… no, no se emocionen, es un proyecto que apenas empieza, aunque espero que logremos hacer algo interesante.

~El tiempo que le dedico al dibujo: no soy un gran dibujante, lo reconozco, y aunque apenas estoy aprendiendo por mi propia cuenta algunas cosas, me gusta dibujar de vez en cuando para relajarme… aunque eso no ayuda mucho cuando lo hago de noche y termino desvelándome por querer terminar algún dibujo.

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~El tiempo que paso escribiendo: si, aunque no lo crean, aun escribo. Principalmente para el Proyecto 33, que se basa en la idea de que se puede escribir un cuento por semana, empecé hace algunas semanas, y aunque me retrasé un poco con la publicación de los cuentos (se supone que esta es la semana 8), no quitamos el dedo del renglón. Al principio el Proyecto 33 también incluía una parte poética (con la colaboración de Alejandra Sosa), pero hace unos días ella me dijo que estaba trabajando en un poemario que contenía algunos poemas que publicamos en el blog, y ya que lo iba a mandar a un concurso de poesía decidimos quitar los poemas del Proyecto 33 para evitar problemas. Aunque también escribo (o al menos espero empezar a hacerlo más seguido) en este blog, y en un diario personal que tengo en casa (algo que se supone que nadie leerá hasta el día en que yo abandone este plano existencial).

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~Y, claro, el tiempo que dedico al trabajo: porque como todo hombre independiente que vive solo, necesito tener una fuente de ingresos para no morirme de hambre. Al principio, y considerando que el tipo que me había ofrecido trabajo antes de venirme al DF desapareció, decidí que trabajaría en lo primero que encontrara, y para bien o para mal, lo primero que encontré estaba a dos cuadras de donde vivía, una Bodega Aurrera Express, que si bien no era precisamente lo que buscaba me ayudó a pagar la renta, comer y salir adelante. Después conseguí trabajo en una oficina (donde estoy actualmente), cuando un amigo de mi novia me avisó que él dejaría de laborar aquí, dejando el puesto disponible. No me puedo quejar, la contabilidad no es lo mío, pero tampoco es demasiado complicado. Además, tengo los fines de semana libres, mientras que en la tienda mi día de descanso variaba de una semana a otra, y casi siempre me quedaba con la sensación de que ese día no me alcanzaba para hacer muchas cosas. Y como ya habrán sospechado, desde la oficina puedo conectarme a internet por ratos. Definitivamente no me puedo quejar.

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Así que, por el momento, creo que eso es todo. Ya nos pusimos al corriente, desempolvamos un poco este blog y tenemos los sistemas funcionando correctamente. Esperen el próximo post, próximamente, y no olviden visitar el blog del PROYECTO 33, comenten los cuentos que publique y, si quieren, pueden compartir también para que otras personas los lean.

Nos leemos en el futuro, damas y caballeros… Peace&Love