El dilema del erizo

Como los erizos, ya sabéis, los hombres sintieron su frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabéis, como en los erizos.

Donde habite el olvido, Luis Cernuda.

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Fueron casi tres años. Casi tres años de buenos momentos, malos ratos, alegrías, tristezas, discusiones, todo eso, compartido con alguien que parecía ser lo que algunos llaman “la persona indicada”.

Y poco antes del final… ahí estaba yo, solo, contemplando las cosas buenas y las cosas malas, poniéndolas en una balanza que no dejaba de moverse de un lado a otro.

El cálculo debía hacerse fríamente y sin emociones…

Era necesario tomar una decisión…

Una ruptura nunca es fácil, siempre queda el “y qué tal si…” en el aire. Pero ya habían sido demasiados “Qué tal si…” que nos habían hecho volver a intentarlo, y siempre regresábamos al mismo lugar.

No fue algo repentino, lo consideré durante mucho tiempo, lo alargué hasta donde pude, a veces buscando una pequeña esperanza en medio de tantas dudas. En algún momento todo estará bien, me decía a mí mismo, todas las parejas tienen problemas y discusiones, es normal. Pero mientras más lo pensaba, mientras más lo analizaba, resultaba más obvio lo que debía hacer. Y aun así, esperé todavía más.

Y los días se alargaron…

Mis depresiones tampoco ayudaban. Había encontrado una zona de confort y me sentaba cómodamente a contemplar mi miseria, a observar mi propia oscuridad. Me volví adicto a mi propia melancolía. Cuando peor me sentía, ella no estuvo. Y cuando ella me necesitaba, yo tampoco estuve como ella esperaba. Me fui perdiendo dentro de mí mismo, pensando que nada importaba y que no había nada que valiera la pena, volviéndome ajeno al resto del mundo.

Y los reclamos… las quejas por el estado en el que me encontraba, por mi falta de interés en la escuela, el trabajo, en la vida. No la culpo, a veces ni yo mismo me soportaba, pero el suicidio ya me parecía algo demasiado simple, innecesario, y hasta vulgar, así que debía seguir lidiando conmigo mismo.

Fue difícil, pero era necesario tomar una decisión, ¿seguir alargando los días o poner un punto final?.

Dolió… sí, mucho… dolió todo lo que tenía que doler (pero ya solo dolería una vez, una última vez). Ya no habría más discusiones ni expectativas que cumplir, ya no habría nada más. Aún así, tuve que verla a la cara al contarle sobre mi decisión, fingir indiferencia, y escuchar lo que ella tenía que decir, eso dolió un poco más… pero ya no dije nada, solo me quedé callado y esperé, ocultándome tras una máscara de insensibilidad, o tal vez era que ya no había más máscaras y por fin podía mostrarme insensible y sin emociones… quién sabe. Alguien me había dicho por aquellos días que yo era el peor ser humano que había conocido, si lo dijo en tono de broma o realmente lo creía al decirlo, no lo se, y en ese momento, al verla llorar por mi culpa, así me sentí: el peor ser humano sobre la tierra.

Pero ya no había marcha atrás. Arrepentirme en ese momento de la decisión que tomé de manera racional porque mis caóticas emociones no concordaban con tal elección solo habría reiniciado nuevamente el ciclo que tantas veces habíamos repetido.

Nunca he sido bueno para las despedidas, pero al dar por terminada esa conversación, darle la espalda y empezar a caminar… volví a sentirme solo y sin rumbo fijo. Una etapa muy interesante de mi vida (como ella lo había llamado) había terminado, pero no era el fin del mundo (nunca lo es), aún había un camino delante de mí. Y para bien o para mal, debía seguir caminando.

Al final, de eso se trata la vida, únicamente de seguir caminando.

 

Alma mía eterna,
cumple tu promesa
pese a la noche solitaria
y al día en fuego.

Pues tú te desprendes
de los asuntos humanos,
¡De los simples impulsos!
Vuelas según…

~Rimbaud~

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Heaven knows I’m miserable now…

 

—¿O prefieres quedarte a descansar hoy? tal vez estás cansado y no tienes muchas ganas de salir— dice ella.

Pienso un poco…

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La verdad… sí… pero no es solo hoy; la verdad es que llevo varias semanas así, sin ganas de salir a ningún lugar. Preferiría quedarme encerrado todo el día en mi cuarto, leyendo, escuchando música, o simplemente durmiendo. No tengo ganas de salir, ni de enfrentar al mundo, ni de relacionarme con el resto de la humanidad. No tengo ganas de nada.

Pero tampoco quiero pasar todo el día encerrado, y por eso me obligo a mí mismo a salir, ya sea al trabajo, a algún compromiso, a recoger algún libro, a comprar algo, lo que sea… cualquier pretexto que me haga salir. Porque el encierro me deprime. Por eso salgo, a hacer cosas que ni siquiera me gustan, que hago por obligación, porque al menos esas cosas me mantienen vivo. Quizá más adelante, en el camino, encontraré otras cosas… cosas que sí me gusten; entonces no solo me sentiré vivo, sino que viviré de verdad. Por ahora, esto es lo que hay.

Tengo una nota escrita por mí, para mí mismo, que me recuerda que la vida no es tan mala, que he tenido (y que tendré) días buenos. Sigo sintiéndome bastante deprimido la mayor parte del tiempo. Pero cuando salgo, intento aparentar lo contrario, y supongo que lo hago bien, casi nadie nota el decadente estado de mi espíritu, hay muchas cosas que me guardo solo para mí; después vendrán días mejores, me digo. Después, todo será mucho mejor.

—No, está bien— le respondo— ya voy para allá.

And heaven knows I’m miserable now… ♪ ♫

Recapitulemos…

Buenos días (o tardes, o noches), damas y caballeros. Estamos de regreso.

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Después de unas pequeñas micro-vacaciones, he regresado con la intención de levantar nuevamente (¿nuevamente?) este blog y actualizarlo con mayor frecuencia (rayos, empiezo a sonar como en el blog anterior), así que nos pondremos al día con lo que ha sucedido de este lado del monitor hasta ahora, cosas que seguramente a ninguno de ustedes les interesan, pero al menos a mí me sirven para llenar de palabras una nueva entrada y fingir que soy un blogger activo.

Un blogger activo… qué mal que de todos los blogs que antes formaban parte de mi lista de visitas diarias obligadas ya muy pocos se actualicen y la mayoría solo sean el recuerdo de lo que alguna vez fue un espacio creativo e interesante. Claro, uno también forma parte del problema, pues a diferencia de aquellos días en los que el tiempo sobraba para hacer muchas cosas (entre ellas, leer y dejar comentarios en esos blogs), actualmente, con el trabajo, las responsabilidades y todo lo demás, apenas y alcanza el tiempo para desocuparse un rato y leer con calma algún blog sobreviviente. Aún así, espero poder hacerme un espacio entre el trabajo y mi vida diaria para venir a escribir y leer otros blogs también.

En fin… recapitulemos. Actualmente, mi vida está dividida en:

~El tiempo que paso con mi novia: después de dos años de noviazgo y un poco más de conocerla (por cierto, ella también era blogger), me hace muy feliz poder estar con alguien con quien comparto muchas cosas y que ha sabido aguantarme bastante bien durante mis malos ratos. Ya sea para salir a comer, ir al cine o simplemente quedarnos en su casa a ver alguna película, siempre es agradable pasar mi tiempo con ella (incluso durante aquellas pequeñas discusiones que son inevitables en toda relación).

~El tiempo que le dedico a la lectura: ya sea un libro o algún cómic, nunca puedo dejar de leer, y no es por sonar pretencioso; de hecho, si hablo de algún libro no es para presumir que leo sino más bien para recomendarlo. Hace un par de días terminé de leer 20 días en el mundo de los muertos, de Jorge Adoum, y actualmente estoy leyendo El complot mongol y Breve historia del tiempo. Dentro de los cómics, leo Amazing Spider-Man (hace unas semanas terminó el evento Spider-verse, del cual ya hablaremos aquí), Hellblazer, American Vampire, Guardians of the Galaxy, Sandman, y Secret Wars (ese terrible evento que unificará los distintos universos Marvel en uno solo, alterando toda la continuidad de las historias… cómo odio eso; aun así, estoy leyendo ese “evento Marvel” también).

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~El tiempo que le dedico a la música: Definitivamente, la música siempre será parte importante de mi vida, así sea escuchando música en mi iPod cuando voy de donde estoy viviendo actualmente al trabajo (y de regreso) o en mi cuarto, o practicando las canciones de la banda en la que estoy… no, no se emocionen, es un proyecto que apenas empieza, aunque espero que logremos hacer algo interesante.

~El tiempo que le dedico al dibujo: no soy un gran dibujante, lo reconozco, y aunque apenas estoy aprendiendo por mi propia cuenta algunas cosas, me gusta dibujar de vez en cuando para relajarme… aunque eso no ayuda mucho cuando lo hago de noche y termino desvelándome por querer terminar algún dibujo.

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~El tiempo que paso escribiendo: si, aunque no lo crean, aun escribo. Principalmente para el Proyecto 33, que se basa en la idea de que se puede escribir un cuento por semana, empecé hace algunas semanas, y aunque me retrasé un poco con la publicación de los cuentos (se supone que esta es la semana 8), no quitamos el dedo del renglón. Al principio el Proyecto 33 también incluía una parte poética (con la colaboración de Alejandra Sosa), pero hace unos días ella me dijo que estaba trabajando en un poemario que contenía algunos poemas que publicamos en el blog, y ya que lo iba a mandar a un concurso de poesía decidimos quitar los poemas del Proyecto 33 para evitar problemas. Aunque también escribo (o al menos espero empezar a hacerlo más seguido) en este blog, y en un diario personal que tengo en casa (algo que se supone que nadie leerá hasta el día en que yo abandone este plano existencial).

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~Y, claro, el tiempo que dedico al trabajo: porque como todo hombre independiente que vive solo, necesito tener una fuente de ingresos para no morirme de hambre. Al principio, y considerando que el tipo que me había ofrecido trabajo antes de venirme al DF desapareció, decidí que trabajaría en lo primero que encontrara, y para bien o para mal, lo primero que encontré estaba a dos cuadras de donde vivía, una Bodega Aurrera Express, que si bien no era precisamente lo que buscaba me ayudó a pagar la renta, comer y salir adelante. Después conseguí trabajo en una oficina (donde estoy actualmente), cuando un amigo de mi novia me avisó que él dejaría de laborar aquí, dejando el puesto disponible. No me puedo quejar, la contabilidad no es lo mío, pero tampoco es demasiado complicado. Además, tengo los fines de semana libres, mientras que en la tienda mi día de descanso variaba de una semana a otra, y casi siempre me quedaba con la sensación de que ese día no me alcanzaba para hacer muchas cosas. Y como ya habrán sospechado, desde la oficina puedo conectarme a internet por ratos. Definitivamente no me puedo quejar.

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Así que, por el momento, creo que eso es todo. Ya nos pusimos al corriente, desempolvamos un poco este blog y tenemos los sistemas funcionando correctamente. Esperen el próximo post, próximamente, y no olviden visitar el blog del PROYECTO 33, comenten los cuentos que publique y, si quieren, pueden compartir también para que otras personas los lean.

Nos leemos en el futuro, damas y caballeros… Peace&Love

Recadentes y rehabilitantes

Nadie puede dudar de que las cosas recaen,
un señor se enferma y de golpe un miércoles recae
un lápiz en la mesa recae seguido
las mujeres, cómo recaen,
teóricamente a nada o a nadie se le ocurriría recaer
pero lo mismo está sujeto
sobre todo porque cae sin conciencia.

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Hablemos de recaídas y rehabilitaciones, o como dice el buen Julio: Me caigo y me levanto. Es verdad -nadie podrá negarlo- que mientras haya un camino por recorrer y una razón para seguir (por mínimos que sean estos) seguiremos cayendo, y tras cada caída, nuestro instinto rehabilitante nos levantará para volver a caer… hay que correr el riesgo de levantarse y seguir cayendo, decían los Enanitos Verdes desde su Eterna Soledad.

¿A qué viene todo esto?

Bueno, hace unos dos meses un amigo me invitaba a mudarme a su departamento, pues después de una serie de conflictos que surgieron entre él y un amigo suyo, por fin había logrado que éste desocupara el cuarto en el que estaba y lo había echado. Mi cuarto era mucho más amplio que el lugar que yo rentaba, aunque no me acostumbraba a compartir el resto del departamento con mi amigo y su novia. Por lo general, lograba encerrarme en mi cuarto y pasar horas leyendo o escuchando música hasta que me quedaba solo, entonces salía a la cocina o a ver la tv en la sala.

Hasta ahí todo bien, pero hace un par de semanas, al regresar al departamento, encontré llorando a la novia de mi amigo; antes de que pudiera decidirme entre si debía preguntar o si debía evitar involucrarme, ella me contó que unas personas habían llegado al departamento y le dijeron que su novio no había pagado la renta de los últimos meses, razón por la cual debíamos desalojar el departamento lo antes posible.

Apenas empezaba a acostumbrarme a vivir en un lugar así, en compañía de otros seres humanos, y nuevamente tenía que irme a otro lugar. Pero eso no era lo peor. Lo peor era que no tenía a donde ir. Ante una situación así, y de acuerdo a mi experiencia, lo mejor era tomárselo con calma. Cuando mi amigo llegó discutió con su novia; pasaron un rato así hasta que logró tranquilizarla, entonces yo fui a hablar con él. Según lo que él me dijo, todo estaba bien, hablaría con la dueña del departamento y arreglaría las cosas. La dueña no quiso hablar con él, aunque él había pagado la renta y podía demostrarlo… según él, la dueña solo quería que el departamento se desocupara.

Mi habilidad para guardar la calma se desvaneció antes de que pudiera empezar a buscar alguna solución viable, la novia de mi amigo se iría a vivir con su hermana, y él (que ya planeaba empezar a salir con otra chica) no quiso irse con ella y optó por irse con un amigo suyo. A partir de este punto, todo lo que siguió fue una serie de caídas y rehabilitaciones constantes, que me llevaron hasta donde estoy actualmente.

Cuando mi novia se enteró de lo que había pasado intentó tranquilizarme, pero yo estaba demasiado preocupado pues tenía que buscar rápidamente un lugar al día siguiente (domingo), pasar todas mis cosas, acomodarme y dejar todo listo, ya que el lunes tenía que llegar temprano al trabajo. Mi novia habló con su abuela y la convenció de que me permitiera ocupar un cuarto que ella tenía disponible en el edificio donde vivía; lo del lugar ya estaba solucionado, ahora debía encontrar una manera de transportar todas mis cosas, sin que me costara un centavo, pues aun faltaba una semana para que me pagaran en el trabajo y no tenía dinero. Logré usar el sentimiento de culpa de mi amigo e hice que consiguiera una camioneta para ayudarme a pasar mis cosas. Todo se había solucionado, o al menos eso creía.

Cuando fui con mi novia a hablar con su abuela, su tía me dijo que no me podía ir a vivir a ese lugar hasta que hablara con los vecinos que vivían en el edificio, y que solo podía hacerlo en la junta que se iba a realizar la siguiente semana. Entre que sí me quedaba y que no me quedaba pasaron muchas cosas más; al final, mientras yo regresaba a mi departamento a terminar de empacar mis cosas, mi novia logró convencer a su tía (y a los vecinos) de que me permitieran quedarme sin tener que esperar a que se realizara la junta. El lunes por la mañana mi amigo ya me estaba dejando afuera del edificio al que me iba a cambiar, bajé mis cosas de la camioneta y algunos minutos después llegó mi novia para abrir, mostrarme el lugar en donde me iba a quedar, y darme las llaves de mi nuevo “hogar”.

Fue bastante cansado tener que subir todas mis cosas hasta el quinto piso, pero a fin de cuentas logré salir bien librado de esta recaída. Llegué tarde al trabajo aquel día pero después de contarle mi pequeña larga historia a mi jefa inmediata todo volvió a la normalidad.

Y así, pude ver que toda nuestra vida se compone de constantes recaídas y rehabilitaciones, y quién sabe, a veces uno cree estar cayendo hacía el suelo, cuando la caída realmente es hacía arriba, y nos lleva más alto que una consciente rehabilitación… o a veces, sucede al revés. Actualmente paso mi tiempo a solas (cuando no voy al trabajo o salgo con mi novia), en el último piso de un edificio que me es totalmente indiferente, escuchando música, leyendo libros y cómics, escribiendo y practicando con mi guitarra.

Hace una semana, de camino al trabajo, pasaba al lado de un edificio que estaban terminando de construir y vi como retiraban a los árboles viejos que rodeaban a la construcción para poner nuevos árboles en su lugar, de hojas brillantes y más agradables a la vista. ¿Quiénes eran los recadentes y quiénes los rehabilitantes en aquel intercambio vegetal?

Por mi parte, no me queda más que pedir disculpas por mis largas ausencias en este blog; espero que a partir de este punto pueda yo retomar mejor el hábito de la escritura que ya tengo un poco empolvado. En fin. Los dejo con el buen Julio. Nos leemos en el próximo post.

y empezaré a rehabilitarme furiosamente
pondré el despertador a las tres de la mañana
suspenderé mi vida conyugal
y las demás recaídas que conozco
para que, sólo queden las que no conozco
y a lo mejor poco a poco un día estaremos otra vez juntos tía
y será tan hermoso decir…
ahora nos vamos al centro y nos compramos un helado
el mío todo de frutilla
y el de usted con chocolate y un bizcochito
.

Año nuevo

Pero algo me hace despertar
por las noches para oírla respirar,
y éste es mi lugar, y todo pasará.
—Año Nuevo, División Minúscula

Miro por la ventanilla del autobús y pienso, pienso en lo que debo hacer, un nuevo año empieza y siento la necesidad de encontrar un nuevo rumbo. Ella me mira y pregunta si me pasa algo, yo le respondo que me duele un poco la cabeza y me siento algo mareado, ella no puede evitar preocuparse y me dice que al menos me tome una aspirina. Le digo que no es nada y que ya se me pasará, y aunque ella insiste, termina cediendo y se limita a preguntarme a ratos si aun me siento mal. Ella toma mi mano, la miro, ella sonríe, yo sonrío con ella y le doy un beso. Vuelvo a mirar hacia la ventanilla y sigo pensando.

Tengo algunas cuentas pendientes que debo pagar, el dinero apenas y me alcanzará esta quincena, necesito buscar otras fuentes de ingreso, o un trabajo en el que me paguen un poco más. En donde estoy actualmente no me va tan mal, pero cuando empecé a trabajar ahí, me dije a mí mismo que solo sería algo temporal, mientras buscaba un mejor empleo. Ya llevo casi nueve meses trabajando ahí. Mi tío cree que debo regresar, que estando en casa no me iría tan mal, y si así fuera, podría contar con el apoyo de mi familia (sobre todo mi familia del lado materno, pues del lado paterno solo me queda mi tío). Lo he considerado, sí, volver a casa por un tiempo, pero no, necesito continuar en el camino que he elegido, porque después de todo, ese es MI camino, y no el de los demás. Tengo algunos planes y proyectos pendientes que espero poder realizar en el transcurso de este año, y volver a casa (aunque solo sea de manera temporal) significaría un retroceso en todo lo que ya he logrado.

Hace tiempo, escuché a alguien decir que si pudiéramos observar nuestro futuro y pudiéramos ver todos nuestros éxitos y fracasos, comprenderíamos que todos ellos serán (en su momento) temporales, que así como tenemos malos ratos, también tendremos rachas de buena suerte (y viceversa), por eso no debemos preocuparnos ni confiarnos demasiado, todo es pasajero. Esa manera de pensar me ha ayudado a vivir sin muchas preocupaciones, y a encontrar cierta templanza ante todas las situaciones que se me han presentado; aunque, claro, era más fácil pensar así cuando no había que pagar la renta y el trabajo era algo opcional y no algo realmente necesario. Pero como dije, todo es temporal, preocuparse está de más.

De repente, entre la oscuridad, se empiezan a distinguir algunas luces, a lo lejos, un pequeño oasis de iluminación urbana que parece crecer mientras nos acercamos. Poco a poco, las luces empiezan a acercarse más, a rodearnos, algunas construcciones empiezan a aparecer, por todas partes, y ya casi estamos en la ciudad. Llegamos a la central de autobuses del sur. Vamos a buscar algo para cenar. Ella vuelve a casa, y yo regreso al cuarto que estoy rentando. El año apenas empieza y queda mucho por hacer.

Apartment

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