What if…

Últimamente me ha dado por pensar en lo frágil que es la realidad que conocemos, en su tendencia al cambio. Y es que, de eso se trata la vida, de un constante cambio, pero vivimos sin pensar mucho en ello, simplemente aceptando todo tal y como es.

Todos los días tomamos decisiones que encaminan nuestra vida por un rumbo o por otro. Hay decisiones importantes en las que pareciera que nosotros tenemos todo el control: renunciar a un empleo, compartir nuestra vida con alguien más, mudarse de un lugar a otro. En esas grandes decisiones uno puede vislumbrar lo que seguirá después, las consecuencias de las elecciones, uno puede ver qué camino tomará nuestra vida y cómo cambiarán las cosas, pero incluso las decisiones pequeñas tienen grandes repercusiones en el futuro. Salir un minuto antes o un minuto después puede cambiar tantas cosas, elegir ir a un lugar o a otro te lleva a encontrarte con diferentes personas, las cuales, de una manera u otra, influirán en lo que harás después o en cómo lo harás.

Y así, la vida se forma a partir de nuestras elecciones; incluso el hecho de no elegir ya es una elección.

Pero qué importa, nuestro destino no está escrito, dicen por ahí, nosotros forjamos nuestro propio destino. Y es cierto, por eso no nos preocupamos tanto al tomar elecciones pequeñas, incluso con las grandes decisiones, tenemos esa sensación de que todo se está haciendo tal como debe hacerse (o no, pero aun así, lo hacemos, y damos ese salto de fe hacia ese lugar invisible que llamamos futuro).

Pero avanzamos, y el futuro incierto se convierte en nuestro presente. Es ahí donde me detengo a pensar, ¿qué tanto habría cambiado mi vida si hubiera hecho algo de manera distinta?

Pienso en ella y me siento feliz de estar aquí, de que nuestros caminos se cruzaran, de haberla conocido en el momento y lugar exacto.

—¿Si nos hubiéramos conocido mucho antes, crees que igual hubiéramos terminado juntos?— me preguntó en una ocasión. Y honestamente, creo que no, que todas las cosas por las que pasamos antes de encontrarnos nos fueron empujando por rumbos nuevos hasta hacernos coincidir en un mismo camino, si la hubiera conocido antes, o después, tal vez simplemente hubiéramos seguido caminando, ella por su lado y yo por el mío.

También pienso en mi madre, si ella y su primer esposo no se hubieran separado, mi padre habría terminado con alguien más y yo ni siquiera estaría aquí, escribiendo esto. ¿También debería agradecerle a ese hombre por divorciarse de mi madre? No, creo que no, pero basta con aceptar que así fue y así tuvo que ser.

Hace unas semanas, revisé por pura curiosidad los mensajes de una cuenta que no usaba desde el año pasado, y descubrí que una chica me había mandado un mensaje diciendo que su banda de rock necesitaba un integrante más, que habían visto mi mensaje y habían escuchado mis grabaciones, que me comunicara con ella para ver qué se podía hacer; el mensaje era de Febrero del año pasado. Por aquellos días, la persona con la que salía me pidió dejar las redes sociales por un tiempo, lo cual me pareció bien, de no ser porque a excepción de ella, yo no tenía ningún otro amigo (fuera de Internet) con quien salir o pasar el rato, así que empecé a pasar más tiempo a solas, leyendo, escribiendo, practicando con mi guitarra, y alimentando una depresión que me apartaba cada vez más del resto del mundo. Y mientras yo exploraba las partes más oscuras de mi persona, ese mensaje seguía ahí, esperando respuesta, así que cuando lo leí no pude evitar pensar en qué tanto habría cambiado mi vida y las decisiones que tomaría posteriormente, ¿seguiría viviendo en el mismo lugar?, ¿qué otras personas habría conocido?, ¿qué otras historias tendría para contar?.

¿Te arrepientes de algo que hayas hecho?, me preguntó alguien, hace poco. Probablemente sí, me habría gustado cambiar un par de cosas; pero entonces pienso en todo esto, y si hubiera hecho algo de manera distinta toda mi vida como la conozco sería diferente, y entonces me arrepentiría de otras cosas, así que prefiero simplemente no lamentar nada, y aceptar que la vida que he vivido es la vida que he elegido, y que no podría estar mejor.

En fin.

Solo estoy divagando.

Nos leemos en el próximo post.

El cuestionario Proust…

 

Saludos, damas y caballeros.

Por fin tenemos computadora e internet en casa.

Ya teníamos una laptop, y con mi plan de datos podía navegar desde el celular hasta el cansancio, pero… bueno… ya saben, no es lo mismo.

Extrañaba poder sentarme frente al escritorio, ante la luz inquisidora de la pantalla, y escribir… como solía hacerlo hace tanto tiempo.

Así que… supongo que el blog ya no estará tan abandonado. Y también podré retomar algunos viejos proyectos e iniciar otros nuevos que tengo en mente desde hace un buen rato.

Ya habrá tiempo para todo eso. Un paso a la vez, dice el Mago.

writer-at-work

En fin…

Revisando los viejos archivos del blog me topé con algunas publicaciones como ésta, de hace poco más de un año, y me sorprende ver cómo ha cambiado mi vida en este tiempo. Todo ese hastío acumulado que me hacía sentir que estaba llegando a un callejón sin salida ahora solo es un viejo recuerdo que poco a poco se desvanece.

Junto a esas publicaciones, también encontré borradores que nunca llegué a publicar, uno de ellos contenía el famoso Cuestionario Proust (para quien no sepa de qué se trata, puede googlearlo… o simplemente dar click aquí); así que decidí actualizarlo y publicarlo hoy, mientras termino de editar los demás posts que pronto publicaré también por aquí.

 

Comencemos con el interrogatorio…

1. ¿Principal rasgo de su carácter?

Introvertido.

2.  ¿Qué cualidad aprecia más en un hombre?

La lealtad.

3.  ¿Y en una mujer?

La inteligencia.

4. ¿Qué espera de sus amigos?

Simplemente poder contar con ellos cuando los necesite.

5.  ¿Su principal defecto?

Mi impuntualidad, o tal vez mi misantropía.

6. ¿Su ocupación favorita?

Leer, definitivamente leer (Cuentos, novelas, cómics, lo que sea).

7. ¿Su ideal de felicidad?

Los días libres en los que no tengo ningún compromiso y simplemente puedo disfrutar del día haciendo cualquier cosa (o ninguna).

8. ¿Cuál sería su mayor desgracia?

Darme cuenta que he llegado al límite de todo lo que puedo hacer y que de ahí en adelante, todo se vuelva monótono y rutinario… afortunadamente, aun hay muchas cosas por hacer.

9.  ¿Qué le gustaría ser?

La mejor versión de mí mismo.

10.¿En qué país desearía vivir?

Tal vez suene un poco cliché, pero… yo diría que Francia… aunque también me gustaría visitar España, o Argentina, .

11.  ¿Su color favorito?

Negro.

12. ¿La flor que más le gusta?

No se… ¿Tulipanes?

13. ¿El pájaro que prefiere?

El colibrí.

14. ¿Sus autores favoritos en prosa?

Julio Cortázar, Terry Pratchett, Haruki Murakami, Neil Gaiman, Isaac Asimov, John Kennedy Toole, Jack Kerouac…

15.  ¿Sus poetas?

Charles Baudelaire, Alejandra Pizarnik, Pablo Neruda, Juan Gelman…

16. ¿Un héroe de ficción?

John Constantine.

17.  ¿Una heroína?

Silhouette (Watchmen).

18. ¿Su compositor favorito?

Uhmmm… no se… Paganini, Dylan, Morrison, Lennon, Saul Hernandez…

19. ¿Su pintor preferido?

Van Gogh, el Bosco, Dalí, Remedios Varo…

20. ¿Su héroe de la vida real?

Mi padre.

21. ¿Su nombre favorito?

Luis.

22. ¿Qué hábito ajeno no soporta?

Los chismes.

23. ¿Qué es lo que más detesta?

A la gente que habla mal de otros solo para sentirse mejores.

24. ¿Una figura histórica que le ponga mal cuerpo?

Veo a la historia de un modo muy objetivo, incluso los personajes más crueles o sádicos me son indiferentes (algunos hasta me parecen interesantes)

25. ¿Un hecho de armas que admire?

Las cruzadas.

26. ¿Qué don de la naturaleza desearía poseer?

Volar, tal vez.

27. ¿Cómo le gustaría morir?

De manera tranquila, rodeado de personas que me quieran y con la satisfacción de haber logrado todo lo que me propuse en vida.

28. ¿Cuál es el estado más típico de su ánimo?

Apacible, con cierta inclinación hacia la melancolía.

29. ¿Qué defectos le inspiran más indulgencia?

La ignorancia.

30. ¿Tiene un lema?

El del Mago solía ser Peace&Love… personalmente no tengo uno en especial.

 

Y eso fue todo. Supongo que el próximo año volveré a responder las preguntas y compararé mis respuestas; ustedes también pueden hacerlo, si gustan.

Nos leemos en el siguiente post, damas y caballeros.

Peace&Love…

El dilema del erizo

Como los erizos, ya sabéis, los hombres sintieron su frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabéis, como en los erizos.

Donde habite el olvido, Luis Cernuda.

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Fueron casi tres años. Casi tres años de buenos momentos, malos ratos, alegrías, tristezas, discusiones, todo eso, compartido con alguien que parecía ser lo que algunos llaman “la persona indicada”.

Y poco antes del final… ahí estaba yo, solo, contemplando las cosas buenas y las cosas malas, poniéndolas en una balanza que no dejaba de moverse de un lado a otro.

El cálculo debía hacerse fríamente y sin emociones…

Era necesario tomar una decisión…

Una ruptura nunca es fácil, siempre queda el “y qué tal si…” en el aire. Pero ya habían sido demasiados “Qué tal si…” que nos habían hecho volver a intentarlo, y siempre regresábamos al mismo lugar.

No fue algo repentino, lo consideré durante mucho tiempo, lo alargué hasta donde pude, a veces buscando una pequeña esperanza en medio de tantas dudas. En algún momento todo estará bien, me decía a mí mismo, todas las parejas tienen problemas y discusiones, es normal. Pero mientras más lo pensaba, mientras más lo analizaba, resultaba más obvio lo que debía hacer. Y aun así, esperé todavía más.

Y los días se alargaron…

Mis depresiones tampoco ayudaban. Había encontrado una zona de confort y me sentaba cómodamente a contemplar mi miseria, a observar mi propia oscuridad. Me volví adicto a mi propia melancolía. Cuando peor me sentía, ella no estuvo. Y cuando ella me necesitaba, yo tampoco estuve como ella esperaba. Me fui perdiendo dentro de mí mismo, pensando que nada importaba y que no había nada que valiera la pena, volviéndome ajeno al resto del mundo.

Y los reclamos… las quejas por el estado en el que me encontraba, por mi falta de interés en la escuela, el trabajo, en la vida. No la culpo, a veces ni yo mismo me soportaba, pero el suicidio ya me parecía algo demasiado simple, innecesario, y hasta vulgar, así que debía seguir lidiando conmigo mismo.

Fue difícil, pero era necesario tomar una decisión, ¿seguir alargando los días o poner un punto final?.

Dolió… sí, mucho… dolió todo lo que tenía que doler (pero ya solo dolería una vez, una última vez). Ya no habría más discusiones ni expectativas que cumplir, ya no habría nada más. Aún así, tuve que verla a la cara al contarle sobre mi decisión, fingir indiferencia, y escuchar lo que ella tenía que decir, eso dolió un poco más… pero ya no dije nada, solo me quedé callado y esperé, ocultándome tras una máscara de insensibilidad, o tal vez era que ya no había más máscaras y por fin podía mostrarme insensible y sin emociones… quién sabe. Alguien me había dicho por aquellos días que yo era el peor ser humano que había conocido, si lo dijo en tono de broma o realmente lo creía al decirlo, no lo se, y en ese momento, al verla llorar por mi culpa, así me sentí: el peor ser humano sobre la tierra.

Pero ya no había marcha atrás. Arrepentirme en ese momento de la decisión que tomé de manera racional porque mis caóticas emociones no concordaban con tal elección solo habría reiniciado nuevamente el ciclo que tantas veces habíamos repetido.

Nunca he sido bueno para las despedidas, pero al dar por terminada esa conversación, darle la espalda y empezar a caminar… volví a sentirme solo y sin rumbo fijo. Una etapa muy interesante de mi vida (como ella lo había llamado) había terminado, pero no era el fin del mundo (nunca lo es), aún había un camino delante de mí. Y para bien o para mal, debía seguir caminando.

Al final, de eso se trata la vida, únicamente de seguir caminando.

 

Alma mía eterna,
cumple tu promesa
pese a la noche solitaria
y al día en fuego.

Pues tú te desprendes
de los asuntos humanos,
¡De los simples impulsos!
Vuelas según…

~Rimbaud~

Run, boy, run…

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Viernes por la mañana. Último día para entregar los trabajos de psicología social, me he estado durmiendo hasta tarde, leyendo algunos textos, e incluso mi novia me ha ayudado para poder terminar a tiempo. Tengo hasta las 8 de la noche, así que voy decidido, cuando llegue a la oficina, terminaré los ensayos que me faltan, los imprimiré y engargolaré ahí mismo; y a las 7:00 p.m. saldré corriendo para llegar a la escuela antes de que el tiempo termine.

Tengo todo arreglado, pienso. Excepto por el pequeño detalle de que mi jefa me pidió un documento del IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social), y desde el lunes tengo problemas con su sistema; ya he consultado en línea, he enviado e-mails, y hasta he ido 3 veces a las oficinas del IMSS, y sólo me han hecho dar vueltas en vano, y en cada ocasión, me dan una solución distinta que, obviamente, no me ha servido de nada.

Al llegar a la oficina, apenas tengo tiempo de encender mi computadora y tomar el café de la mañana, pues me piden que vaya al despacho de un contador que ha prometido solucionar nuestro problema en menos de una hora. El contador insiste en que sólo se le envíen los datos y archivos necesarios, y que él se comunicará con nosotros en cuanto todo esté arreglado, pero mi jefa lo interrumpe y le dice que no, que yo iré a su despacho. Y ya que, como un simple oficinista, no tengo derecho a elegir, mi jefa da la orden y yo tomo mis cosas y salgo corriendo. Mientras más rápido termine todo esto, más pronto estaré finalizando y entregando mis tareas escolares.

Llego al despacho y el contador me recibe muy tranquilo. Me dice que no me preocupe, que en menos de una hora habremos terminado con los trámites necesarios. Tres horas después, ese mismo contador me dice que no entiende porqué el sistema no nos muestra los datos correctos, y después de revisar todas las opciones posibles (por centésima vez) se da por vencido, y me aconseja entregar otro documento en lugar del que intentamos conseguir, la idea ya la había propuesto yo unos días antes, al ver que el sistema del Seguro Social parecía un laberinto sin fin que no llevaba a ningún lugar.

Bien, pienso, si no hay otra opción, entregáremos el otro documento (que yo ya había preparado), y aún me queda tiempo para terminar la tarea, quizá no alcance a revisar bien lo que voy a entregar, pero sí podré entregarlo a tiempo.

Al llegar a la oficina, mi jefa está de acuerdo, no hay otra opción, no queda más que hacer. Por fin. Me siento en mi escritorio, enciendo la computadora y…

Mi jefa me llama, me explica que quizás si vamos al IMSS y les explicamos… Ella sigue hablando, pero lo único que pienso es que otra visita al IMSS es una pérdida de tiempo, y en este momento, lo que menos tengo es TIEMPO.

Ella termina de hablar y le explico que de nada servirá, ella me responde que piensa lo mismo, pero no tenemos nada que perder, y quizá en un golpe de suerte ellos logren poner fin a todo esto.

Una vez más, recojo mis cosas. Esta vez, mi jefa me acompaña; y tal como yo esperaba, no nos dan una solución, pero ahora hay que hacer dos trámites más, en distintos lugares, y llevando una buena cantidad de documentos “necesarios” para realizar dichos trámites. ¿Servirá de algo realizar esos trámites? El sujeto detrás de la ventanilla nos dice que no está seguro de eso, pero “probablemente sí”.

Son las 3:30 p.m. del viernes. Mi jefa decide que ya dimos muchas vueltas y que, considerando que la resolución de estos trámites tomará de 8 a 10 días, no es necesario apresurarse, ya que el documento que necesitamos es para el lunes. Así que optaremos por el Plan B. Es hora de volver a la oficina.

Imprimo el documento. Tres veces, pues así lo requieren. Mi jefa y otros ingenieros lo revisan y le dan el visto bueno.

Son las 5:00 p.m. cuando por fin logro iniciar con los trabajos que debo entregar en menos de 3 horas. Afortunadamente, no me siento bloqueado, puedo escribir con fluidez y sin detenerme, ya casi voy a la mitad, mi jefa salió a comer y nadie me puede interrumpir en este momen…

Suena mi celular. Contesto. Es mi jefa, diciéndome que está en el banco. Pasó a… Uhmmm… En realidad no se a qué fue; pero me dice que olvidó su identificación, sobre unos documentos que se encuentran en su escritorio, y que si se la puedo llevar. Le digo que sí, que ya voy para allá, mientras pienso ” ¿porqué a mí?”.

No hay tiempo de lamentarse, apenas encuentro la dichosa identificación, salgo corriendo hacia el banco y regreso rápidamente a la oficina. Llego sudando, pero no importa. Debo terminar.

Son las 7:20 p.m., mando a imprimir mi trabajo (¿ya mencioné que sin la ayuda de mi novia no lo habría terminado?), lo engargolo ahí mismo, y le aviso a mi jefa que ya me voy, ella me dice que hay que terminar algunos pendientes y que si puedo ir un par de horas extra al siguiente día (sábado), yo le digo que sí y me entrega las llaves.

Voy subiendo al trolebús, son las 7:40 p.m. y siento que ya no alcanzaré a llegar. Subo en Olivos, y bajo en Dr Galvez en 15 minutos.

Llego corriendo a la facultad de psicología. Busco al profesor en su cubículo y no lo encuentro. Son las 8:00 p.m. ¿Será posible que el maestro ya se haya ido? Le pregunto a una chica que está cerca de ahí y me responde que no ha visto a ese profesor, entonces otro chico se me acerca y me dice que él también lo está buscando para entregarle un trabajo.

Vamos una vez más a su cubículo y vemos que hay varias notas pegadas en la puerta, diciendo que, en vista de que el profesor no se presentó aquel día, le dejaban sus trabajos ahí para revisión. Hacemos lo mismo. Ambos llegamos unos minutos antes de las 8:00 p.m., pero la nota dice que en realidad fue a las 7:00 p.m. Pegamos la nota a la puerta y deslizamos nuestros trabajos debajo de ella.

Salimos de la facultad. El joven con el que me acabo de encontrar me pregunta hacia donde voy, y me dice que le queda de paso, que nos podemos ir en su coche. Aún me quedan algunos trabajos pendientes, pero falta una semana para entregarlos, por ahora, sólo quiero regresar a casa y descansar después de tanto correr.

Mientras hablamos, él me pregunta sobre las otras materias que estamos cursando, y me pregunta que si ya entregué los últimos trabajos de x materia que “eran para hoy”. Le digo que ya casi los termino, pero que son para la siguiente semana. Él me corrige, diciendo que el trabajo final sí es para la siguiente semana, pero los otros ERAN PARA HOY. Llegamos al metro, le doy las gracias por el “aventón” y empiezo a correr de nuevo.

Paso por mi novia, en donde ella estudia, y vamos a su casa. Le pido su computadora y entro a la página a la que debemos subir los trabajos. Es cierto, ERAN PARA HOY, pero son la 10:00 p.m. y aún me quedan dos horas para terminar y subir los trabajos.

Son las 12:20 y voy a casa. Alcancé a terminar todo. No se cómo lo hice, pero lo logré. Tenía tiempo de sobra al iniciar la semana, pero no consideré los contratiempos de la oficina. Aún así, lo logré.

Estoy cansado de tanto correr, y debo admitir que incluso he llegado a desesperarme un poco, con todo lo de la escuela y el trabajo. Por ahora sólo quiero dormir.

Y mientras me acuesto, me pongo a pensar. Pienso que sí, que esto de andar corriendo de un lado a otro puede llegar a cansarme, pero al menos puedo hacerlo. A mediados del 2014 yo trabajaba como cajero y “multifuncional” en una tienda, y ni siquiera imaginaba que en unos meses presentaría el examen de admisión a la UNAM (esto, gracias a mi novia) y que a mediados del 2015 estaría asistiendo a la ceremonia de bienvenida para alumnos de nuevo ingreso. Dos años atrás, aunque ya estudiaba psicología, en Tehuacán (Puebla), sentía que todo estaba estancado, y que yo sólo estaba ahí, desperdiciando mi tiempo y viendo la vida pasar.

Ahora, vivo sólo, lejos de casa, pero compartiendo cada día con la chica más maravillosa que pude haber conocido; tengo un buen trabajo y estoy estudiando en “la máxima casa de estudios”, eso es mucho más de lo que yo podía imaginar hace un par de años.

Sí, quizá no es tan malo estar corriendo de un lado a otro. Por el momento, así es esta vida, y estoy contento de ser parte de ella.

Reportando desde la oficina…

Llego apenas a tiempo a la oficina y me tranquilizo al ver que no soy el único que viene llegando tarde. Me siento en mi escritorio y enciendo la computadora, guardo mis audifonos y mi iPod en l cajón y pongo mi mochila a un lado. Es hora de empezar a trabajar.

sith lord

Recuerdo los primeros días que pasé en esta ciudad, cuando salía a buscar trabajo y regresaba sin haber encontrado nada. Antes de venirme me había puesto en contacto con alguien que me ofrecía trabajo, lo cual me hacía sentir un poco confiado respecto a mi futuro económico y laboral en esta ciudad (al menos mientras encontraba algún trabajo mejor), pero apenas llegué aquí esa persona dejó de responder mis mensajes y tuve que salir a buscar trabajo… por suerte, consideré que pudiera pasar algo así y traje dinero extra por si hacía falta. Lo malo fue que, tres semanas después, el dinero ya se me estaba acabando y yo no encontraba trabajo.

Pequeña pausa en la que el narrador (o sea, yo) se pone como loco yendo de una página a otra, dando click, regresando, volviendo a dar click, etc… por un asunto relacionado con su examen de admisión a la universidad y por el cual siente la necesidad de comparar todos esos tramites, registros, descarga de fichas, revisión de fechas, etc, con un laberinto, que a su vez lo lleva a recordar a Borges con el cuento La Casa de Asterión y a Cortázar con el libro Los Reyes, que nada tienen que ver con lo que se estaba comentando anteriormente, pero que quedan como temas pendientes para futuras publicaciones de este blog. Después de tomo, ¿no es la mente un complejo laberinto de ideas que se conectan con otras?

Como les iba diciendo, el dinero se me estaba acabando y yo seguía sin encontrar trabajo. La solución más simple era regresar a casa y probar suerte después, aceptando que fui impulsivo y que no sabía lo que estaba haciendo, pero mi orgullo me forzó a tomar una postura firme (probablemente más por necedad que por verdadera convicción) y decir que yo no regresaría a la que antes fue mi casa, y que si el destino me devolvía a ese lugar sería por un camino distinto y después de haber vivido varias cosas más, y no simplemente en una senda de regreso.

Por aquellos días salí a caminar sin rumbo fijo y justo a dos cuadras de donde vivía encontré un cartel afuera de un pequeño supermercado que solicitaba personal, hable con la jefa a cargo y a los dos días llevé todos mis documentos y mi solicitud de empleo. No era un trabajo de oficina ni se relacionaba con alguna de mis aficiones, pero ganaría lo suficiente para pagar la renta, comprar comida y salir a algún lugar de vez en cuando.

Después de hacer la entrevista de trabajo y realizar los tests psicológicos de rutina (de los cuales probablemente hable un día de estos), la chica de recursos humanos me aseguró que el trabajo ya era mío y que nos estaríamos viendo seguido, pero dos días después del día en que se supone que me llamarían, yo seguía esperando, al cuarto día me resigné y salí a buscar trabajo otra vez. Lo único que encontré fue un puesto disponible en un call center, pero justo en mi primer día de capacitación me llamaron de la tienda para avisarme que si podía presentarme ese día para firmar mi contrato y todo lo demás.

Trabajé varios meses, hasta las primeras semanas de este año, cuando un amigo de mi novia me habló acerca de una vacante en el lugar en donde él estaba trabajando. La vacante sería en el puesto que él ocupaba, ya que él estaba por salir.

Y, bueno, heme aquí, escribiendo desde el trabajo. He estado escribiendo algunos posts, pero hoy tuve ganas de publicar un poco sobre otras cosas, para relajarme un poco. Supongo que antes de que termine la semana publicaré el siguiente, así que no se alejen demasiado 😛

Nos leemos en el futuro, damas y caballeros.

Peace&Love

El camino

camino

 

—Imagina el tiempo como un camino que se extiende infinitamente. En algún punto, tú bajas de los brazos de tus padres y empiezas a explorar un poco, no es la gran cosa, pero te vuelves un experto gateando por aquí y por allá, sin alejarte demasiado de tu punto de partida. Entonces, descubres que gatear ya no es suficiente y aprendes a caminar; es entonces cuando el camino empieza a volverse más interesante y empiezas a ser consciente de tu lugar en él.
En ocasiones, caerás, te quedarás ahí por un rato, y después volverás al camino; constantemente te cruzarás con otras personas que para bien o para mal te acompañarán el tiempo necesario. Algunas veces, al caer, tendrás la sensación de que no puedes continuar más, pero estas personas, al verte en esa situación, se detendrán, y haciendo a un lado lo que tengan que hacer te animarán a seguir. No siempre será necesario que hagan esto pero habrá ocasiones en que esto marcará una gran diferencia y agradecerás todo lo que hacen por tí. Tú también harás lo mismo por ellos (o no, eso dependerá de tí).
Un día, volverás la vista hacia atrás y verás a una de esas personas caminando más lento de lo normal; de la nada, una dama vestida de noche empezará a caminar a su lado, y sin darte cuenta, los perderás de vista. Esto se repetirá un par de veces, y llegará el momento en el que mirar hacia atrás se volverá un hábito que te hará imaginar que ellos, los que ya no están, aun continúan caminando detrás de tí, hasta que, incluso esa imagen se desgaste y desaparezca.
Ahora imagina que llega un momento en el que empiezas a sentirte cansado, el camino parecerá no llevarte a ningún lugar, y justo cuando desees escuchar una palabra de aliento que te motive a seguir descubrirás que realmente estás solo. Entonces, decidirás detenerte por un momento, te sentarás en el suelo y observarás el camino que has recorrido, quizá imaginando escuchar los ecos de viejas conversaciones, o esperando que alguien aparezca, solo para hacerte compañía, pero lo único que podrás distinguir, a lo lejos, será la noche, acercándose, una noche tan antigua como el universo mismo…

—¿Por eso es que hoy estás ahí, mirando al pasado?

—Algo así.

Prólogo

Nota escrita la noche del 24 de Diciembre del 2014, en algún lugar de la ciudad:

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Hace dos años, leí una frase en un libro, la cual tomé como un sutil presagio: “Hay una vieja maldición, dice: ojalá vivas tiempos interesantes”; hace un año y medio, recibía una promesa (que también resonaba con pequeños ecos proféticos) de alguien que recién entraba en mi vida -como un rayo que me partía los huesos y me dejaba estaqueado en la mitad del patio-: “prepárate para la etapa más interesante de tu vida”; hace ocho meses salí de mi casa y dejé a mi familia para buscarme a mí mismo; hoy, en este pequeño cuarto, en vísperas de Navidad, escuchando a Brahms y a Berlioz, y acompañado únicamente por mi soledad, me detengo a reflexionar un poco, y algo me dice que a pesar de aun no haberme encontrado, la verdad es que no estoy tan perdido.

Y, por un momento, siento que todo está bien…


Llevo varios días sentado frente a la computadora, esperando el momento indicado para volver a escribir, momento esquivo que no llegaba y me obligaba a tomarme pequeños descansos de esta larga espera para leer, escuchar música, salir al trabajo o para hacer otras cosas rutinarias, cosas normales que todo hombre normal debe hacer.

Hoy, sin buscarlo, ese momento llegó. Mientras descansaba después de un largo día de trabajo, entre una pieza de Brahms y otra de Berlioz, después de la cena (no tan navideña, pero lo suficientemente apetecible como para llamarse cena), decidí abrir el editor de texto de esta computadora y empecé a escribir.

(Pequeña pausa, en la que vuestro humilde escritor se detiene a verificar si realmente es él quien está escribiendo, y no se trata solo de un breve momento de locura en el que el deseo de volver a escribir lo ha llevado a observar, en primera persona, un universo alterno, en el que él está escribiendo… una vez verificado esto, podemos proseguir)

Podría escribir y escribir, extendiédome cada vez más, como aquel que quiere ponerlos al tanto de todo lo que me ha llevado a estar en el lugar en el que me encuentro, pero la idea principal de este texto es simplemente la de ser un breve prólogo para los textos que vendrán después,  un pequeño texto introductorio que, sin decir nada realmente, sirva como punto de partida de este nuevo blog.

Para empezar, debo señalar que, aunque hace algunos meses anuncié por todos lados (y hasta el hartazgo) mi decisión de ponerle punto final a un blog que ya no me inspiraba a escribir en él (ya sea por las pocas visitas, por el poco interés que yo ponía en él, o simplemente porque consideraba que esa etapa había llegado a su fin), la verdad es que nunca dije que dejaría de escribir de manera definitiva, ya que esto es más bien una necesidad para mí, la posibilidad de escribir nuevamente en un blog, o en algún otro medio, seguía ahí. Y aunque he estado escribiendo en algunos cuadernos breves notas personales, a modo de diario, la idea de volver a escribir en internet seguía pareciéndome algo lejano. Hoy, sin embargo, al escribir este “prólogo”, ya estoy pensando en lo siguiente que escribiré, lo cual es una buena señal.

También he pensado que, paralelamente a lo que publique en este blog, podría empezar a escribir algún libro de cuentos o, si las musas me lo permiten, alguna novela corta, probablemente en formato electrónico, pero… tranquilo, un paso a la vez. Ya habrá tiempo para planificar de manera correcta todo lo demás.

Así que, no teniendo más que agregar a lo que ya se ha dicho, les doy la bienvenida, y me despido con una frase que me acaban de compartir hace algunos minutos en facebook (cuando ustedes lean esto esos minutos serán más bien horas o días, pero qué importa):

“Podría estar encerrado en una cáscara de nuez y sentirme rey del espacio infinito”